domingo, 25 de febrero de 2018
MANDARINA
jueves, 30 de julio de 2015
Que sabes que la pretendo
jueves, 9 de julio de 2015
Dos pestañas y un deseo
domingo, 29 de junio de 2014
Otra y la misma
lunes, 19 de mayo de 2014
Inabarcable deseo
lunes, 27 de enero de 2014
Vuelo
sábado, 28 de enero de 2012
Escribir duele

Ha comenzado a llover, una lluvia fina y persistente. E había tendido la ropa hacía apenas una hora. Me puse el impermeable y cogí el barreño para recoger la ropa. Cuando salí me di cuenta de que ya era demasiado tarde, me iba a mojar y ya era imposible salvar la ropa. Volví adentro. Seguramente esto es lo que diferencia a la literatura femenina. Interrumpir el pensamiento por cuestiones más prosaicas. ¿Haría un hombre escritor este acto? Probablemente no. No los hombres de antes. El discurso varía. La mujer creó la narración fragmentada.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Dialogo de las amantes
Ella lee detrás de la pantalla un cuento para su amada.
Mientras, la mujer manos pata, escucha el suave sonido de su voz melodiosa, siente que mirarla le duele, como una laceración de bisturí, con un fragor de alas agitando el ansia.
De pronto, desea con la urgencia de los ahogados una señal, una caricia, una mirada que la salve.
Pero la fría pantalla impide cualquier contacto.
Su voz, su rostro, verla y no poder tocarla, la sume en una tristeza inabarcable que ahoga todos los otros actos reales y cotidianos.
Nada es superior a esta inmensa distancia que se cierne ahora sobre su corazón rebosante.
Necesita oír una caricia impaciente, necesita sentir susurrantes palabras de amor como el arrullo cálido de una bestia en la fría noche.
Pero la amante no escucha el pensamiento de la mujer manos pata pues está sumida en el relato.
-dime que me quieres, le pide de nuevo suplicante.
Los ojos de la amante la mira, comprende su desesperar y le explica que sólo quería decírselo con otras palabras; porque las palabras ya se han vuelto pobres, gastadas, inservibles para expresar un sentimiento que se desborda, que la invade, que la estremece.
-Dímelo.- Le pide de nuevo.
Entonces hablan en silencio, se dicen tequieros sin palabras, se abrazan con los ojos sin tocarse y se prometen, entre arrumacos y esperas, inventar un nuevo lenguaje que las contenga.
Fotografia de Anne leivobitz
miércoles, 3 de agosto de 2011
A veces
A veces necesito una mano que me apriete fuerte, otras me basta con dormir sobre un pecho y reposar unos instantes mi larga soledad desmadejada.
Me ocurre que siento más de lo que quisiera sentir y necesito irreparablemente el roce, el abrazo, el gesto cercano de alguien y me acerco como un perro buscando una mano en la cabeza que no llega.
Pues si alguien me deja que coja su mano, o me acaricia el pelo como si fuese un perro abandonado o me deja reposar sobre su pecho mi cabeza un instante, pienso que aún todo es posible.
Como cuando me digo que si mira para atrás mientra me alejo o se aleja es que me quiere, y pienso en la gente que se ha vuelto y me ha mirado mientras me alejaba.
Pero tú, te fuiste con tus pasitos cortos y tu gesto apresurado sin volver un instante la vista atrás.
Grité tu nombre. Dos veces. Te giraste y entonces pude levantar la mano en un gesto de adiós mientras te alejabas para siempre.
Pintura de Tarsila do Amaral
lunes, 6 de junio de 2011
Parábola de las necesidades encubiertas
Hay quien nunca tuvo zapatos de pequeña y de grande acumula cientos de ellos.
Hay quien de pequeña fue tan pobre que toda su obsesión de mayor es no volver a serlo nunca.
Pero hay, ay, almas dolientes, quienes de pequeñas nunca fueron queridas. Éstas son las peores pues andarán condenadas eternamente a buscar errantes a alguien que las quiere.
Pues, así como quien no tuvo zapatos le basta con ganar lo suficiente y encontrar en los pares acordes con su vestido.
Y a quien fue pobre, saber que con su esfuerzo y empeño algún día podrá dejar de serlo.
En cambio, quuien nunca fue amado, ni abrazado ni querido no encontrará fácilmente qué o quién supla esa necesidad encubierta.
Porque, así como la que nunca tuvo zapatos se contentará cuando los tenga, y una vez saciada esta necesidad, sólo tendrá que comprarse otro diferente, o la que fue pobre seguirá en su empeño de no dejar de serlo, la que nunca fue amada, querida, ni abrazada andará siempre buscando.
Y si es que, acaso algún día encuentre alguien que de verdad la quiera nunca sabrá si es esto es de verdad cierto. Porque ella siempre se enamora de mujeres que nunca tuvieron zapatos y andan como locas buscando en las tiendas, o de mujeres que fueron muy pobres y empeñan toda su vida en dejar de serlo.
Pintura de Leonora Carrington
martes, 8 de febrero de 2011
la teoría de la separación de los continentes o como los iguales han de encontrarse
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Hoy tengo la boca seca
Hoy tengo la boca seca
Como si todo un desierto me poseyera
Hoy tengo el alma por los suelos y
un puñado de abejas encabritadas en mi pecho.
Hoy mi cabeza dio de bruces contra el corazón
y se partió por medio
Bebo bebo bebo
Pero por más que bebo
no puedo saciar mi sed
hoy no soy río
sólo agua estancada
como si el alma me pesara
Y fuera arrastrando mi propio peso
viernes, 19 de noviembre de 2010
quiéreme

La mujer manos pata subió a la montaña y dijo al viento:
Quiéreme.
Quiéreme con desgarro, fieramente, quiéreme sin normas, sin leyes, sin firmamento. Quiéreme por encima, por debajo, entre mis piernas. Quiéreme y no pares de hacerlo aunque te niegue una y mil veces.
Quiéreme hasta quedarte sin aire, quiéreme sin medida ni sosiego, quiéreme sin nombres, con tus manos, con tus besos, con tu alma.
Quiéreme con las entrañas de tus garras, con la piel de tus huesos, quiéreme hasta que sangres.
Quiéreme dulce hasta doler, grave hasta reír. No me dejes caer en el hueco de las palabras vacías, pues sólo tu amor puede arrástrame, sacudirme, levantarme.
Después de dicho esto, la mujer manos patas lloró sobre una roca y volvió para encontrarse entre la gente. Sólo entonces se acercó a su amada y le dijo estas palabras:
Te quiero civilizadamente, formalmente, pausadamente. Te quiero con la calma de los relojes y con la espera de los aeropuertos. Te quiero con medida, sanamente, como el que bebe y no se sacia, inútilmente.
Te quiero como el que no espera nada porque todo lo perdió, mansamente.
Y si un día no te quiero o ya no me quieres, sobreviviré de igual manera, pues sola soy entre la gente.
Fotografía de Robert Mapplethorpe
sábado, 9 de octubre de 2010
Canto a mi cuerpo

Adorada textura que me tocas. Dulce cobertura que me cubres. Con cuántos placeres me colmas. Con qué voluptuosidad me conquistas, con qué facilidad me deshago bajo tus manos que me tocan.
Mis pensamientos se expanden y se concentran al vaivén de tus manos que masajean mi musculatura, mis tendones, mis tensiones, mis secretas excrecencias.
Por los poros se evaporan las preocupaciones del día, las palabras, las gentes y las cosas que desaparecen.
Mi cuerpo se desmadeja, se invita, se entrega. En el goce supremo se estremece. Y es entonces, cuando entiendo el orbe del universo, la bonhomía pasajera, la paz del niño que duerme.
Adorado cuerpo mío, deseado y deseante, eres más cuánto más te desintegras.
Cómo no he de quererte adorado cuerpo que me habitas, con el placer que me ofreces. Tuya soy, mío eres, y aún así, necesitamos de otras de manos de otra boca, de otro cuerpo.
Pintura: mujer desnuda de Renoir
martes, 28 de septiembre de 2010
La mujer pantera

Lo extraordinariamente extraordinario de la mujer pantera son sus extraordinarios ojos verdes.
Quizás no la veas pero está ahí y te huele en la distancia.
La mujer manos pata puede sentir su mirada verde y silenciosa a través del aire. Sabe que la mujer pantera la merodea, la acecha, husmeando su rastro animal en la mitad de la noche, esperando el momento de atraparla.
Y lo hace. Con la dulzura de un felino la envuelve en su manto de terciopelo, en un abrazo de liana del que no puede escapar, como una serpiente que se enrosca en su cuello y la va asfixiando.
La mujer manos patas cae así en su caricia de fuego y lava clamando ser apresada, atrapada, horadada, lamida, devorada.
Y su piel iridiscente brilla bajo el aleteo fragante de la mujer pantera.
Lo duro se vuelve blando y la carne se encarna en piel.
La mujer manos patas y la mujer pantera se aparean, se funden, se frotan, se lamen, se enredan, se husmean, se transforman, se vierten en un ritmo de fieras que desgarra la noche con sus aullidos.
Es, en ese instante que la siente así suya y la mira desenroscarse como una oruga de seda, cuando flaquean los brazos de la mujer pantera.
Es entonces, en la calma de los estertores espasmódicos, cuando la mujer manos pata que yace vencida, lamida, fundida, frotada, horadada, desmadejada; cuando aprovecha para vestirse de sus ropajes de loba y escapa.
martes, 17 de agosto de 2010
Las mujeres patas jamón serrano quieren a las mujeres manos pata
Las mujeres patas jamón serrano quieren a las mujeres manos patas tal cual son.
Y sólo ella sabe la dificultad que, a veces, esto conlleva, pero aún así considera que este esfuerzo desmedido es compensado con creces por el amor que le otorga la mujer manos pata.
La mujer patas jamón serrano son juiciosas y pacientes, serenas y comedidas, nadie como ellas entiende la libertad que precisa la mujer, sus ansias guerreras creativas o destructivas.
Por esto son ellas las que están cuando la mujer manos patas llega herida de la batalla del amor, la única que la cura con un abrazo más ancho que el mundo y más suave que la espuma.
Suele suceder que hay una conjunción perfecta entre estas mujeres, pudiendo por un acaso ocurrir que una ponga la idea y la otra sea la encargada de ejecutarla, o que una genere el caos y la otra la armonía, que una encienda la llama y que la otra sea la encargada de apagarla, siendo de esta forma ambas naturalezas el envés y el revés de una misma esencia.
Pintura: dos mujeres en Tahití de Guaugin.
martes, 3 de agosto de 2010
Harimaguada
Hoy, la mujer manos patas ha subido a la montaña para hablar con el cielo y la tierra. Una bandada de pájaros sobrevuela el cenit. Mientras asciende, contempla la nube negra que cubre la ciudad al norte.
En la montaña sagrada aún hace sol y el viento aúlla entre las aulagas. Desde allí todo se ve minúsculo, ínfimo
Las mujeres manos patas va a hacer la ofrenda con frutos a la tierra.
Para dilucidar su mente.
Para buscar el sosiego.
Par agradecer el momento.
Para dar gracia por lo vivido.
A rezar por los que navegan.
A no llorar por lo que perdieron la barca.
Pero no pide para sí, pues todo está escrito en los designios de las piedras y el cielo. Las mujeres manos pata como seres cosmogónicos que son, ven signos que otros no ven y leen designios donde otros no lo leen, pues son harimaguadas.
En lo alto de la montaña, para la mujer manos pata, todo se vuelve clarividente.
Imagen: Montaña de las harimaguadas en Telde. Cuatro puertas.
miércoles, 14 de julio de 2010
Conversación entre manos pata

- A veces me gustaría ser normal- le digo.
- ¿Que es ser normal?-me respondes sabia- no he conocido a nadie normal.
-Bueno, no tener toda esa agitación mental, ya sabes. Pero cuéntame de ti, cómo sabes que estás enamorada.
Manos pata de la isla de fuego reflexiona un instante con los ojos llameantes.
-Porque todos mis pensamientos están con él, a cada momento pienso en él, a todos los sitios que voy pienso, que a lo mejor, por casualidad me lo puedo encontrar. ¿Te acuerdas de P? cuando me empezó a enamorar me dijo que no tenía prisa, que sabía que iba a estar toda la vida conmigo. Esa seguridad, éso fue lo que me enamoró. Pues ahora soy yo quien tengo esa seguridad, ahora sé que el destino me lo puso ahí un día, luego lo vi dos días más, y sé que me lo volverá a poner de nuevo.
-Pero ¿Qué te gusta de él?
-Todo. La imagen que proyecta, lo que transmite, lo que dice de su vida, ah y su voz, su voz es todo.
-Y ¿ no crees que puede ser una obsesión ?
-Pero qué es el enamoramiento sino una obsesión
Las mujeres manos patas mueven los pies al son de la música mientras hablan, ya han empezado con Edith Piaff y el bizcocho de chocolate, la botella está casi vacía y las ideas saltan de un lado a otro como los pies.
-Hay quien enciende una vela, o quien hace un hoguera pequeñita, pero nosotras echamos gasolina al bosque y lo echamos a arder.¡ Somos unas incendiarias¡
Rien las mujeres manos patas incendiarias y hacen previsiones par este año.
-Este año celebramos el fin de año en Paris- le digo, solas o con compañia...
-Síiii…pero a lo mejor no tengo perras.
-Bueno, ya vemos cómo lo arreglamos
-Te imaginas, cuando lo vuelva a ver le diré, no sé si te acuerdas de mi nombre pero, ¿ Quieres pasar el fin de año en Paris conmigo ?
martes, 8 de junio de 2010
La mujer manos pata sale de caza
En época de caza la mujer manos patas sale de su letargo. Es entonces cuando su naturaleza animal despierta a todo su esplendor.
Esta condición animal a la que la mujer manos pata llega frecuentemente, hace que ame fieramente, lobeznamente, cerrilmente, caballerosamente. Por ello, es consideradas por la especie humana como lobas, zorras, perras, panteras, lengua viperina y demás hembras activas de la especie.
A ella nada de esto le importa, los principios naturales por los que se rige nada tienen que ver con la moral casera que anda suelta.
Infiel como una escorpión y dulce como la gacela, anda la mujer manos patas gritando desde una roca en lo alto de la montaña, mientras, va tomando forma de bestia; dice que, aquél que abandona a su lado animal está condenado a herirse, y grita que todos somos huéspedes eventuales, en el mismo rango que los animales, en la tierra. Pero sólo escuchan las bestias que se saben de su misma naturaleza.
Indómita, la mujer manos pata le da por aullar a la luna por las noche o por a andar en la montaña a cuatro patas por puro gusto mientras se va de caza.
Cuando duerme, sujeta como está a su naturaleza animal, a veces se despierta en mitad de la noche poblada de pesadillas de animales presos en los zoológicos o aplastados en la carretera. Por lo que, si encontrase alguno de ellos a punto de ser ajusticiado o perdido en la carretera se lo llevará inmediatamente a casa sin mediar palabra, pues ella es la guardiana de las bestias
viernes, 9 de abril de 2010
Manos patas se derrrama
La mujer manos patas se levanta hoy en un día ventoso. Aún es de noche cuando sale con premura de un sueño agitado, con la extraña sensación de que llega demasiado tarde a algo. Pero no logra recordar a qué. Acelera el paso, el rostro afilado como una navaja, la palabra lanzada sin retorno, para comenzar, con una desorbitada prontitud, la mañana. Hay, en este apresurado hacer, un deseo de finitud siempre aplazada, una búsqueda incesante de algo.
Las mujeres manos patas tienen un ejército de hormigas a su cargo. Subida en la tarima de una hoja seca les conmina: ¡¡a trabajar¡¡ ¡¡ a trabajar¡¡ ¡¡ perezosas indomables¡¡
Pero, como las hormigas la conocen y saben que pronto se le pasará, nada más se da la vuelta, vuelven a no hacer nada.
La mujer manos pata se enreda, se pierde, en el laberinto de las citas, de los avisos, de las notificaciones. ¡Ay, si al menos supiera algo de matemáticas¡ Pero las manos patas no sabe nada de números, ni de plazos, ni de bitácoras; por eso hoy debe correr, correr, sin parar.
Hasta los animales del bosque se esconden a su paso, pues como si de un ogro o un gigante se tratase, va lanzando gruñidos y manotazos al aire.
La mujer manos patas no se da cuenta cuando cae, cual Alicia en el agujero, absorta como está en el frenesí de hacer. Pero cuando cae, suspendida, por la suave brisa, lo va comprendiendo todo.
Detenida ya, contempla, inmóvil, las nubes pasajeras. Todo se mueve, pero ella permanece quieta. Apenas jadea, atenta a su fluir, se derrama y se vierte.
Recuerda el calendario de las lunas y sonríe, la esencia de su sinrazón era sólo eso.




