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domingo, 15 de junio de 2014

Sed de lava




Tierra quemada




Lengua de fuego


Manto de fuego petrificado





corazón de la tierra
tierra quemada


 Aún reverdezco
 sobre la tierra del fuego


viernes, 30 de noviembre de 2012

Reverberaciones



Nada.
Sólo este mar de lava. Esto es todo lo que ha quedado de lo que un día fue mi pueblo. Nada ha quedado de las casas, de las fincas, de los caminos. Todo ha desaparecido bajo el fuego. ¿Acaso he envejecido tanto que mis ojos no pueden distinguir el mar del cielo, el valle de la montaña?
Nada. Mire a donde mire mi vista sólo alcanza a ver negrura y silencio. ¿Dónde está mi viejo pueblo?¿ Dónde está Chimanfaya,  Tingafa, Santa Catalina? ¿Y la plaza del pueblo donde corrí de niña?¿ Y el aljibe de donde saqué tantas veces agua?
Mi ojos cansados se detiene en este espacio desconocido, rocoso, inhóspito intentando adivinar los caminos, el pueblo, la gente que un día vivió aquí. Busco con desazón mi casa pero no hay ninguna referencia, ningún resto de que un día allí existió vida. Quisiera llorar sobre esta piedra negra y caliente sobre la que descanso pero ya no tengo lágrimas. Lo que antes fue  ha desaparecido como por hechicería. La casa de mi madre, la iglesia, el granero, no queda nada más que este mar de lava...
 He andado dos noches y tres días para no encontrar más que esto que ven mis cansados ojos, piedra, silencio, soledad. Los hombres y mujeres que volvían de allí arrastrando los fardos de lo que fue su antigua vida me lo  contaron. Aún con brillo de la pena en los ojos y con los rostros tiznados, me dijeron que el fuego del volcán había llegado hasta el mar y había arrasado con todo.
No pude llorar entonces, tampoco  ahora. No hace mucho un día hubo aquí vida, animales que pastaban, arenados ricos en granos y cebada, gentes trabajadoras de una tierra fértil.
Mis hijos sabrán que su madre nació en un pueblo que ya no existe y los hijos de mis hijos quizás lo recordarán. Pero vendrá un tiempo en que ya nadie sabrá de su existencia.Tan sólo verán este malpaís negro y olvidarán que, aquí, debajo de este esta piedra dura y negra hubo una vez vida.

En 1730 el volcán arrasó en Lanzarote con las poblaciones de Chimanfaya, Tingafa, Maso, Santa Catalina, …alrededor de unas 2000 personas afectadas por el fuego, el 57% de la población de la época. La voz anónima de esta mujer que mira este mar de lava, resuena de vez en cuando dentro de mí, como una reverberación que quiere expandirse y fluir, como si de un antepasado ágrafo se tratase, que me habla, con voz de agorera para que yo lo cuente.

martes, 25 de septiembre de 2012

Un paseo por la ciudad

 
Un paseo por el mágico charco de San Ginés, por la playa chica, por el muelle y sus barcos fantasmas con perros marinero, por el Castillo de San José... caminando y recordando lo que fué y lo que era.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Instrucciones para leer un libro



Sitúese a ser posible en un lugar cómodo, mejor si es  un sofá, una cama o un lugar a la sombra de un árbol en medio de una pradera.
Procure que no haya ruidos que lo distraigan o que estos sean tan leves como el canto de un pájaro o el arrullo de las olas.
Si ya está acomodada, prepárese para abandonar su cuerpo físico por unas horas.
Observe el objeto que le va a transportar a ese estado: sujételo entre las manos o contra su pecho como si fuera un bebe recién nacido o un cachorro abandonado. Ojéelo sin miedo, sienta su piel y su textura. Voltéelo una y otra vez,  admire sus letras, huela sus páginas si así lo desea.
Abra el libro como si en él fuese a encontrar un tesoro. Déjese sorprender por la primera frase. Degústela como un caramelo o una fruta deliciosa. Oiga como suena en su interior.
Comience a deleitarse con la música de las palabras y sienta como éstas van entrando por todo su cuerpo.  Déjese llevar. Prepárese para volar.
Pronto empezará a no ver ni a percibir nada de lo que suceda a su alrededor. Su cuerpo misteriosamente ha desaparecido de este mundo. Ha entrado usted en un universo nuevo.

viernes, 21 de octubre de 2011

Un día el volcán estallará



Hace unos años comencé a escribir una novela sobre el volcán de Timanfaya. No la acabé pero ocupé gran parte de mi tiempo en investigar como fue la explosión del volcán de Timanfaya ocurrida en Lanzarote en septiembre de 1730. Incluso llegué a conocer personalmente en unos carnavales a un historiador y estudioso del fenómeno.
Según todas las fuentes el volcán estalló en distintos conos y discurrió por tierras fértiles sepultando a varios pueblos como Santa Catalina, Mazo, Timanfaya, Tingafa, Testeina…. La población atemorizada sufrió durante días las estruendosas explosiones que se oían desde las islas de al lado, el olor a azufre y la lluvia de lapilli o piroplastos cubrió todo el paisaje. Si bien la población en un principio fue obligada por el regidor de la isla a permanecer en sus viviendas, pues no en vano estos municipios eran los principales exportadores de granos a las otras islas. Finalmente, y ante el peligro inminente, se les permitió abandonar sus casas y sus tierras para trasladarse a otras zonas más seguras de la isla o incluso inmigrar a las islas mayores. No obstante, aunque no hubo víctimas humanas, la mayoría de los animales y el ganado murieron y las tierras fueron sepultadas para siempre bajo un manto de lava.
Hoy apenas se conoce de la existencia de estos pueblos que yacen dormidos bajo la lava. Los últimos acontecimientos del volcán del Hierro me han hecho recordar esto. Desde mi televisor puedo observar y escuchar a un pueblo que mira desde una roca al mar esperando al volcán.
Han pasado tres siglos des esto, pero aún la gente sigue esperando que el volcán estalle, con la misma parsimonia y misma templanza, quizas por haber nacido sobre un volcán o precisamente a causa de eso.
Las consecuencias también siguen siendo las mismas, tres siglos después la gente es despojada de sus casas, se quedan sin trabajo, las labores del mar están perdidas, los negocios cerrados, el miedo que se instala en el cuerpo. Pero, sobre todo, sentimos, olemos, vivimos, en la conciencia infinita de que estamos sujetos a las fuerzas incontenibles y salvajes de la naturaleza .