jueves, 10 de enero de 2019

HABLEMOS DE SEXO





¿Qué lleva a un grupo de jóvenes, todos menores de veinticinco años, a violar a una chica? ¿Qué le pasa a estos chicos educados en la democracia, en la igualdad? ¿Son monstruos o tipos asociales sin ningún tipo de empatía?Todos los estudios demuestran que no; que son chicos normales, hijos de esta generación, pero, sin lugar a dudas, producto de la dejadez que hemos hecho tanto padres como educadores en torno a la educación sexual de los niños y adolescentes.Hace unos días salió un informe estremecedor con cifras alarmantes sobre el consumo de pornografía por parte de los niños. Relataba este informe que muchos de ellos comenzaban a la edad de diez u once años, y se incrementaba al 90% a la edad de catorce años.Esto es alarmante para una sociedad que se precie de justa e igualitaria, y ya nadie cuestiona la relación directa entre este consumo de pornografía y la violencia sexual.La pornografía, libre, gratuita y asequible a todas las edades a través de internet, llega a estos niños y adolescentes, en proceso de formación, que acaban normalizando actitudes violentas hacia la mujer y adquiriendo una visión de la sexualidad desvirtuada, donde la mujer es un mero objeto sexual para uso y disfrute del hombre, y la violencia es muchas veces un componente esencial de las relaciones sexuales, y el placer es identificado con el dolor.Esta es la educación sexual que reciben los chicos y chicas de nuestra era ¿De qué nos extrañamos entonces?
En una sociedad donde el acceso a la pornografía es gratuito y asequible a cualquier edad, en una sociedad hiper sexualizada y de democracia digital, las madres y padres no pueden obviar el papel fundamental que deberían ejercer a la hora de educar en la sexualidad y de control del uso de los dispositivos móviles y ordenadores por parte de los menores.Por nuestra parte los educadores poco podemos hacer porque en la escuela y los institutos ha desaparecido la educación sexual, propiciada en parte por la gazmoñería de la derecha. En la la época de Aznar la educación se centró en “la cultura del esfuerzo”, poniendo el acento en los buenos resultados académicos y en una enseñanza basada en la producción, donde los alumnos pasaron a ser clientes. Lo que vino después ya lo sufrimos: el desprecio de las humanidades, las artes o la filosofía, precisamente las más propicias para transmitir valores; y la ausencia total de una educación moral o sexual.Urge reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo, porque todos somos responsables en parte de lo que sucede. Tal vez, cuando hablemos sin prejuicios ni rodeos de sexo con nuestros hijos, comenzaremos a cambiar, pero mientras la pornografía siga formando a nuestros niños y adolescentes nada cambiará.Un dato escalofriante más: ayer anunció el Ministerio de Interior que en España se comete una violación cada cinco horas. Ahí lo dejo.Nieves Rodríguez Rivera

jueves, 20 de diciembre de 2018

EL ASESINO INVISIBLE






De nuevo grandes dosis de espectáculo y morbo mediático, que alimenten al pueblo con el terrible asesinato y su final de película. Una vez  servida la cabeza de la bestia  negra  del monstruo, en el que poder  volcar toda la rabia y desprecio del que somos capaces,  ya respiramos tranquilos.
Ocasión para que la derecha aproveche de nuevo para insuflar el discurso del recrudecimiento de las condenas o la pena permanente revisable,  y para que VOX se haga notar hablando alto y  claro,  porque ellos  dan la cara.
Pero a Laura no la mató sólo Bernardo Montoya, el gitano ex convicto.
No te dejes engañar,  no reduzcas todo el problema a un solo hombre,  porque de la simplificación nace el fanatismo. Eso es lo que desean los de siempre, los reduccionistas, los que buscan culpables en lugar de asumir su parte de responsabilidad, y  la dejan al azar,  al hecho fortuito y  desgraciado de que Laura estuviese sola en aquel pueblo,  y se encontrara cara a cara con su asesino.
Pero a Laura no la mató un asesino,  la mató el machismo que anida en todos los pueblos y en todas las ciudades;  a Laura la asesinó esta lacra que ha pervivido con nosotros durante siglos,  y que se ha transmitido de generación en generación en la mentalidad de tantos hombres y mujeres.
Sí, a Laura la mató Bernardo Montoya. Pero el gran error es creer que es un despiadado  monstruo,  o un loco suelto.  A las mujeres que mueren en España las matan  los jóvenes agradables, los tipos normales;  incluso los buenos maridos, hasta que de pronto  son noticia nacional  y acaban con la vida de su mujer, porque no aceptó un no por respuesta, o porque era “su mujer”,  su  posesión, y  podía hacer con ella lo que quisiera, incluso asesinarla.
Que no te engañen:  es la desigualdad y el machismo  lo que acaba con la vida de las mujeres.  Pero en este país es más fácil buscar un monstruo en el que derramar todo el odio y el fanatismo del que somos capaces, en lugar de asumir nuestra parte de responsabilidad.

Nieves Rodríguez Rivera
Foto de Lola Cáceres

sábado, 9 de junio de 2018

 No es el suceso en sí,  atroz y  lacerante: la muerte de una mujer en manos de su pareja;  ni  aún la  tristeza desolada del instante atrapado por el ojo de la cámara. La aberrante desazón  del nombre  es lo que nos golpea.
El callejero, a la derecha de la fotografía, que observa impávido cómo bajan el cuerpo de la mujer ya sin vida,  se convierte así en la paradoja de un destino brutal. La calle Felicidad se vuelve entonces en el anuncio perturbador de una invención cotidiana,  de unos peldaños que subimos  cada día hasta que el último bajamos en silencio.

La felicidad, construida  sobre escalones falsos, nos devuelve al horror de  lo cotidiano. Las palabras, como símbolos truncados de sonrisa maléfica, nos golpean porque nos desmienten; desarticulan nuestro mundo,  contradicen el entendimiento y nos dejan cabalgando en el vacío.

martes, 5 de junio de 2018

LA BELLEZA



Me contaba el otro día mi amiga que se sentía defraudada, desanimada y sin ganas de nada;  que no entendía ya por qué había que luchar,  ni si valía la pena la lucha misma.  Ante tanto bombardeo de ideas, de información, ante todo lo que había que hacer, se  había vuelto apática y sin esperanza alguna, y  lo único que le apetecía era  aislarse, perderse, vivir en una cueva alejada de la sociedad. No pude más que animarla y reprocharle la actitud:  debía mantener la esperanza, le dije,  no debía rendirse,  y había que seguir luchando, denunciando. Si se rendía vencerían ellos, apagarían la voz del disidente, del irreverente, del que sacude, del que pica como una pulga chiquitita y  picona  en el culo del poder.
Sin embargo, la conversación me dejó pensando si no tenía cierta razón mi amiga en mantener ese descreimiento al que se veía arrastrada cada vez más por el abatimiento. Estuve dándole vueltas a esa idea: qué es lo que realmente nos salva y da sentido a este mundo sin sentido.
A los pocos días de aquello, me encontré una noche en el Auditorio Alfredo Kraus, escuchando a Pablo Milanés. En ese preciso momento, donde música y poesía se unían, sentí que eran  esos  instantes de absoluta belleza los que daban sentido a la vida, y que así como la flor más hermosa nace de las espinas del cactus, hay belleza en medio de la fealdad y el caos. Pensé que aquella era una buena razón para mi amiga y que así se lo diría cuando volviera a verla.
Tal día como hoy nació el mayor poeta español, Lorca, quien supo bien lo que era la belleza y cómo trasmitirla a los demás.  Hoy es un buen día, amiga,  para que recuerdes  cómo lo asesinaron por pensar como pensaba y por ser quién era; y un día para  no olvidar que, mientras unos luchan por acabar con la voz del disidente, del poeta,  y asesinar la belleza, hay  otros seres que se sienten impulsados a crearla y regalarla a la humanidad como lo hizo él.



domingo, 20 de mayo de 2018

VIAJE SIN MAPAS





“Pero yo me sentía feliz; era como si hubiese dejado atrás algo de lo que desconfiara” del libro “viaje sin mapas” Graham Greene.
 “El motivo de un viaje es algo que merece un poco de atención” escribió Graham Green en su  Viaje sin mapas”. El escritor se pregunta, sin llegar a encontrar nunca las razones, qué le llevaría a recorrer territorios desconocidos, y no cartografiados por aquel entonces, de África.
 “No es la mente en su plena conciencia la que elige África occidental prefiriéndola a Suiza” acaba afirmando. Y es que África probablemente no se elige, aparece y te atrapa, se queda en tu retina para siempre como el caer de la tarde en el desierto.
Para quienes comenzamos esta revista- “Afrikiya”- los viajes sin mapas fueron sin motivo, pero con una voracidad cercana a la temeridad, como si el enfrentarnos a nuestros propios  miedos, a los prejuicios y a lo que nos habían contado, no fuese más que uno de las obstáculos que sortear.
Hay algo de  locura y de poesía en el acto de fe de lanzarse al camino de lo desconocido.
Pero lo hicimos, y lo seguiremos haciendo mientras haya que contar o atrapar el instante en imágenes o  poesía.
Y de este afán de trasmitirlo al mundo nació http://afrikiyarevistacanaria.wordpress.com/



Nieves Rodríguez Rivera