martes, 30 de julio de 2019


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El hombre perro de la Habana

Querida amiga:
Después de recorrer tanto, de llegar hasta playa Girón, de dormir en Playa Larga o en la Costa de los Mosquitos, de atravesar Cienfuegos y la bella Trinidad, regresamos a la Habana para encontrarnos de nuevo con el “hombre perro”. 
 Allí estaba, se lo aseguro, entre la calle L y la Veintiuno, rodeado de perros (treinta y cinco para ser exactos) y  una montaña de libros  que llegaba al techo,  en medio de aquel almacén oscuro y trancado con una cancela de madera baja para que no se escapasen los perros pequeños. Y heme aquí con este  Quijote  revivido y mortal,  que me hizo recordar a usted. 
Se lo aseguro, que no miento ni exagero. Fue tal la fascinación que ejerció sobre nosotras aquel hombre humilde y sabio  que volvíamos a aquella librería, albergue de perros abandonados, rastrillo de libros imposibles y almacén de las maravillas, todos los días restantes que permanecimos en La Habana. No sólo porque en aquel lugar  podíamos encontrar todos los libros que quisiéramos– el hombre perro podía encontrar debajo de aquella montaña de ejemplares cualquier autor que nombraras–,  sino porque en medio de ese  perfecto caos,  en aquella biblioteca soñada, entre canes expectantes de toda clase y cachorrillos recién nacidos, estaba él, el hombre perro, mirándote, como si te preguntase con aquellos ojos, los  más dulces que jamás vi. ¡Con qué delicado amor agasajaba a sus amigos perros! ¡Con qué cariño les hablaba  a las abandonadas criaturas! Todos tenían su hogar allí, todos tenían una historia: el perrito cojo, el sarnoso albino, el viejito ciego, la celosa perra madre de cachorros ajenos... Todos viven y moran en aquel almacén de otro mundo.
No deje de visitarlo si se decide finalmente a pasar por aquí. No se arrepentirá, no sólo porque este Quijote viviente es capaz de encontrar entre esa torre de Babel cualquier ejemplar, inédito, firmado,  descatalogado, que usted desee encontrar,  sino porque es el más hermoso, disparatado, lúcido y encantador ser humano que pueda usted llegar a conocer. Él fue el culpable de que dejase la mitad de la ropa en ese almacén de libros para hacerle espacio a los libros en la maleta. No me arrepiento,  me llevo a Pedro Juan  Gutiérrez, el autor de la trilogía sucia de la Habana,  unas cuantas novelas de Padura, cuentos completos  y poesía  de Virgilio Piñera, cuentos eróticos de autoras cubanas, y otros tantos escritores cubanos desconocidos para mí y recomendados  por el hombre perro.  Porque,  amiga mía, Cuba, como todos estos libros que esperan en mi mesilla para ser leídos,  es un país que nunca se acaba de descubrir. 

domingo, 5 de mayo de 2019



Los ojos de mi madre

Vuelvo a casa, madre,
busco en tu mirada
intentando saber quién soy.
Pero tú ya olvidaste quién eras,
y me miras como si no me conocieras.
Perdida en una isla desierta
a donde no puedo llegar.
Aún no.
Los  ojos fieros de mi madre
se han perdido para siempre.
Se ha hecho amiga de la muerte.
Ahora eres tú, madre,
la niña rebelde
jugando con las olas de la muerte.
Los ojos de mi madre
son dos cuencas vacías
donde  caben  todos los infiernos,
todas las batallas perdidas,
todas  las derrotas,  
lágrimas secas.
Y al fondo la niña ahogada,
y la tierra que se abre ante ella
como cráter negro.
Me pide, me suplica, que la lleve al otro lado,
como si yo fuera valiente,
y no viese  los ojos, el  animal fiero,
la luz que se va apagando,
el desvarío de la razón.
Entonces, la vida era esto:
volver a ser niños locos,
desgastados de todo,
el cuerpo agrietado,
las carnes abiertas
la piel  tan fina como cebolla.
Mi madre nunca me vio,
tal vez un instante,
con sus ojos desvaídos y locos.
¿En qué barco zarpó que no puedo alcanzarla?
¿A qué isla remota?
¿A dónde navegó ya olvidada de todo?
Acaso cabalga libre
en los campos de  la infancia

sábado, 13 de abril de 2019


La decisión más importante de mi vida

La misión de mi óvulos: es ser fecundados,  dice el doctor. ¡Es la  la naturaleza!
Odio a la naturaleza y a mi cuerpo traicionado.
Mi cuerpo como una misión, como un objetivo a derribar por un enemigo que siempre gana: la naturaleza.
¿Quién quiere ser recipiente y llevar una simiente dentro?
Yo no.
Yo no quiero que me invadan ni que crezca nada dentro. Soy desierto donde no debe nacer nada  Porque cualquiera que lleve mi sangre nace muerto. No. Me rebelo contra el orden natural.  Me arrancaré lo que me somete y me derrumba y  me ofrece este cansancio, y estos pechos como vasijas llenas.
¿No sabías que la misión de los ovarios era esa? Me repite el doctor.
¿Y la misión de la polla?
Ella no tiene más misión que  invadir, que ocupar. La polla reina. Y yo debo ser su súbdita.
Y gatear como una niña para reclama que no quiero ser vasija.
Soy una inconsciente por no saberlo.
O por saberlo y pensar que yo era diferente. Que no me iba a tocar . Pero a  todas no toca el rey con su polla.
La polla de dios me ha  escogido ahora a mi
Para que sea maría su sierva. Y no olvide la naturaleza. La misión de los óvulos. La función de mi cuerpo. Que no olvide la realidad. La puta realidad de miles de niños  muertos de hambre al día .La puta realidad de estampas de niños negro africanos muertos de miedos. La puta realidad de la que no soy consciente. Pero yo debo salvar al hijo que aún no ha nacido. Y sentirme bendecida por la polla dios.


(extracto de “cárceles” obra teatral aún inédita de Nieves Rodríguez Rivera