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domingo, 20 de mayo de 2018

VIAJE SIN MAPAS





“Pero yo me sentía feliz; era como si hubiese dejado atrás algo de lo que desconfiara” del libro “viaje sin mapas” Graham Greene.
 “El motivo de un viaje es algo que merece un poco de atención” escribió Graham Green en su  Viaje sin mapas”. El escritor se pregunta, sin llegar a encontrar nunca las razones, qué le llevaría a recorrer territorios desconocidos, y no cartografiados por aquel entonces, de África.
 “No es la mente en su plena conciencia la que elige África occidental prefiriéndola a Suiza” acaba afirmando. Y es que África probablemente no se elige, aparece y te atrapa, se queda en tu retina para siempre como el caer de la tarde en el desierto.
Para quienes comenzamos esta revista- “Afrikiya”- los viajes sin mapas fueron sin motivo, pero con una voracidad cercana a la temeridad, como si el enfrentarnos a nuestros propios  miedos, a los prejuicios y a lo que nos habían contado, no fuese más que uno de las obstáculos que sortear.
Hay algo de  locura y de poesía en el acto de fe de lanzarse al camino de lo desconocido.
Pero lo hicimos, y lo seguiremos haciendo mientras haya que contar o atrapar el instante en imágenes o  poesía.
Y de este afán de trasmitirlo al mundo nació http://afrikiyarevistacanaria.wordpress.com/



Nieves Rodríguez Rivera

miércoles, 27 de agosto de 2014

Lo inútil



Lo inútil

 En realidad
Todo lo aprendes después
cuando ya nada se puede hacer
 aprendes que la belleza
de aquel amor
Era su trágica brevedad
su inútil pasión
su desolada imposibilidad
Ocurre así
casi siempre aprendes después
Pero uno ya está anclado en lo imposible
en  ese   amor
que nació para morir
o  para enseñarte lo inútil 
del esfuerzo humano
Porque el amor no nace ciego
sino sordo
a nuestras súplicas
Lo repito
No aprendemos sino cuando ya es muy tarde
Dioses pensamos ser
Cuando  en realidad

fuimos simples mendigos.

jueves, 29 de mayo de 2014

La promesa




Yo no creí merecerte
eras tan brutalmente inocente
Con ese pudor infantil
que me desarmaba
 Y me hacía quererte
más desesperadamente
Y tu,
 pequeña,
apenas nacida para el amor
 ofreciéndote a mí
como un fruto prohibido
 Y jugoso.
Si hubieses sido, tú,
 hace veinte años
Tú,
antes de que tuviese tanto miedo
a sentir
no sería lo que soy
y tal vez 
me quisieras  como yo a ti
porque sabes que  yo te esperaría
hasta  que volvieras y crecieras
y  vivieras mil batallas y derrotas
 Y la vida te devolviera el gesto amargo
que acompaña
a tantos años vividos
Si tú me quisieras
como yo a ti
 me quedaría  aquí
 en el mismo sitio
Sabiendo ya que no habría podido
 hacer nada por salvarte
Del rictus amargo de la vida
ahora
que  el miedo te detiene
al verte  frente a mi
con  tantos años
No vividos
Vengo a decirte que me voy
Me voy como el que huye del dolor o
de su  propio miedo
En realidad,
ya me fui hace mucho tiempo
sólo por saber si alguien  

esperaba mi regreso.

martes, 11 de marzo de 2014

Canto a Leteo



Todo lo que soy es esto:
Yo a cuatro patas
libando
Bajo esta luz naranja
el olor salvaje
de tu cuello
mientras,
mis labios, alas de mariposa
aletean en contracciones minúsculas
que tú no ves
porque tú
Dafne
te dejas hacer
desmadejando tu cuerpo
ausente en mi deseo.
Hoy Dafne
Quisiera reposar en ti
Y dormir el sueño profundo
de  las ninfas suicidas
sobre las anémonas azules
Entonces
quizás
el lago sería nuestro lecho ardiente
donde fueras posible
olvidar tus pocos años
y mi mucho tiempo.  

sábado, 15 de febrero de 2014

Esta sed de ti


Espero tu llegada
Como una perra en celo
¿O son solo los efectos
 de esta luna llena?
Ansío tu abrazo de dos minutos
uno antes de que prenda el deseo
ven,
Arrástrate
como la mar se arrastra ante la orilla
¿le llamamos amor a esto?
¡Ponle el nombre que quieras¡
Pero arráncame  estas ganas
sedúceme en cuclillas
apresa con fuerzas mis pechos.
Por qué tardas tanto
amor
 Por qué haces doler la espera.
Me dejaste llena de besos la boca
y de pájaros revueltos el vientre.

Huyes
como gacela herida
Acaso soy el cazador
que quiere tu cuerpo a fuego de escopeta
O la fiera hambrienta.
Arráncame
Si no me quieres
esta sed de ti
 pues no quiero otra cosa que
 ser el agua que se desborde
en tu cauce
Si pudiera al menos
abrazarme en tu regazo
 Dormir  tu espera

 Anidan pájaros en mi vientre
Y no puedo conciliar el sueño

……………………………..


PD: Dedicado a mi terapeuta que me susurra que no debo eludir mis frustraciones,  a todos esos corazones rojos con lazos amarillos,  a los onanistas solitarios, a los que ya no esperan y a esa poesía árabe que se me quedó un día dentro.

martes, 5 de noviembre de 2013

Con vivencias





Éramos tan diferentes
Tú te empeñabas en cerrar las ventanas
y yo iba detrás abriéndolas
 me preguntabas por qué la abría
En realidad, no sabía qué responder
Quizás, ver la luz
Tú, en cambio, preferías cerrar las puertas
Poner verjas que te protegieran del mundo.
yo no tenía miedo en aquella casa vieja y salvaje
Pero tú veías peligros en todos lados.
Sentí que me asfixiaba,
en aquella casa cerrada y
perfecta
que ya no reconocía.
Mis animales se fueron primero
 luego  me fui  yendo yo
Y las flores dejaron de florecer
en aquella  casa
que un día imaginé tuya y mía.

Éramos tan iguales
Dos fieras heridas
 que se atacaban cuando se encontraba en el pasillo
yo mendigando  tus caricias
que tú esparcías como un
premio o un castigo

Después fue todo
camas deshechas, habitaciones vacías,
Gritos en la media noche y
el dolor,
el antiguo  dolor de nuevo.

Entonces solté amarras
Hice mi maleta y me fui
Ojalá pudiera decir que fue para no volver
sabiendo que nunca te olvidaría

morí como  si ya hubiera muerto mil vidas
Siempre es así cuando has amado.

Un día quizás volviste
buscando a la que un día fui
pero yo ya no estaba
al menos, no la que fui
Me había vuelto  piedra
era tan fácil hacerte daño
Sólo había que decirte la verdad,
mostrarte  aquello que no viste
Mi lado bueno había muerto,
en su lugar,
estaba el lado malo
que me ayudaba  con todo ese asunto del amor

Ahora en esta piel de dinosaurio antiguo
 que es el cielo  sobre mí,
celebro la muerte del día
escucho las voces de los niños
 y miro  frente a frente
a mi  desgracia que me mira. 

martes, 29 de enero de 2013

ratones



Pero los problemas no acabaron con las cucarachas porque pronto vinieron otros animalillos superiores. No llevaba una semana en la casa cuando comenzaron a aparecer en mi presencia unos pequeños roedores. Lo descubrí una noche, volvía de tomar unas cervezas con los amigos cuando me tropecé con uno de ellos de frente. El pequeño ratón, de un color gris sucio, más asustado con mi presencia que yo misma, salió trepidante y veloz por la ventana de verjas de la cocina para dirigirse al patio trasero. En ese momento mi madre veía, tendida en el sofá, su infatigable programa de cotilleos de Telecinco.
- He visto un ratón salir por la ventana de cocina- le dije.
Mi madre abrió los ojos como si hubiese visto un fantasma. ¿Un ratón? ¿Un ratón? Repetía mientras veía como se iba desfigurando su mascara de hierro en una cera derretida y fundida.
-Sí, una musaraña, un ratoncillo de campo.-Repetí.
Pero mi madre ya no oía nada, se llevaba la mano al pecho en señal de estar a punto de darle un infarto y gesticulaba palabras inconexas sobre mi llegada y la presencia de ratones.  Entonces entramos en esa fase tensa y común entre dos mujeres en que cada cual habla y ninguna se escucha hasta que agotada me callé. Sentí que la sangre me hervía y que estaba a punto de explotar, una cosa era que me acusase de traer cucarachas en el plástico del somier y otra que pensase que había traído ratones. La dejé hablando sola.  Subí hasta mi cuarto y no salí hasta la hora de la cena. Cuando bajé mi madre estaba más calmada, había preparado un cartón con un trozo de tomate en medio rodeándolo por un pringoso pegamento. La miré de reojo. No había nada en el mundo que le diese mayor asco que los ratones, me dijo a modo de disculpa.. No iba a dormir tranquila aquella noche sabiendo que uno de ellos estaba en la casa. Intenté explicarle que no era para tanto, que el ratón había emigrado al patio y que de allí seguramente a la calle, que había venido  a comer a la cocina. El ratón no tenía nada que hacer en su dormitorio.  Pero ella pareció no entender nada y todo su empeño se centró en que revisase cada mueble de la cocina en busca del algún desdichado ratón. Hice lo que me mandó,  no tanto porque estuviese convencida de que aquello fuera a dar resultado alguno sino más bien  para que me dejase tranquila un rato. Coloqué un par de aquellos cartones a modo de trampa en la cocina y en el patio. Esa noche mi madre se encerró bajo llave en su dormitorio. Sus resultados no se hicieron esperar, al día siguiente apareció un pequeño ratoncillo de pelaje gris y sucio agonizando sobre el cartón. Lo contemplé no sin cierta lástima. Aquella forma de morir era inhumana, atrapado por un pegamento a punto de alcanzar su comida. Recordé o leí en alguna parte que podían morir de miedo al sentirse atrapados. Miré aquel ratoncillo moribundo sobre el cartón  y tuve una extraña y desagradable sensación, yo había sido sino la artífice sí la cómplice de aquella muerta. Lo transporté como quien porta el ataúd de un ser indefenso y errático Mi madre dio un salto y comenzó a gritar y a perder por momentos el habla y la respiración. Entre balbuceos pude entender que quería que lo sacara fuera, que lo llevara al contenedor de basura en la calle. El animal pareció entender lo que decía mi madre porque creí percibir un atisbo de resignación en sus dos ojillos negros y apagados. Lo llevé hasta el container de basura que rebosaba repleto en la oscuridad. Podía acabar de una vez por todas con su sufrimiento, podría, pensé, aplastar una piedra contra su cabeza, pero sabía que aquello no era más que una burda argucia para exculpar mi parte de culpa, pues bien sabía que no tendría valor para hacerlo. Lo coloqué al borde del container de la basura. Aquello eran sus últimas exequias. Acaricié con mi dedo corazón su lomo gris, estaba tibio y blando. Repetí por dos veces a modo de plegaria: lo siento, yo no quería, lo siento mucho. Volví a mi casa arrastrando una extraña sensación que me sumió todo el día en una gris y húmeda tristeza.

jueves, 17 de enero de 2013

Cucarachas



Llegué  a la isla  después de veinte años precedida de tres cucarachas. Eso dice mi madre,  y ya se sabe lo difícil que es hacer cambiar de opinión a una madre cuando se le mete algo en la cabeza. Al menos, a la mía. De nada sirve que le cuente que el colchón de donde supuestamente salieron las dichosas cucarachas inglesas, venía embalado al vacío desde la misma tienda, o que en esta época las cucas salen de todas partes, hartas de pasar calor. Pero es mejor pensar que ya se le está yendo la cabeza o  que en realidad las cucarachas, inglesas chiquitas, me precedieron en el viaje.
A fin de cuentas, mi madre no va a cambiar ya a esta edad, y en  su defensa tampoco es que sea  muy normal que una hija vuelva a su casa después de tanto tiempo, yo, la hija prófuga,  la que salí huyendo para no volver, porque me matarían si me quedaba, según mi madre, porque me moría si me quedaba, según yo.
Pero las únicas que murieron fueron las tres  minúsculas cucarachas que mi madre mató con la zapatilla de dormir una mañana a finales de agosto, tres días antes de que yo viniese.
- Estas las trajo Julia, seguro- decía, mientras las hacía crujir contra el suelo, dejándome sin mis compañeros de viaje.
Sola, en mi cuarto de soltera, justo encima de la casa donde ella duerme, mirando las paredes vacías y el polvo de la persiana del que será mi cuarto, siento como si me hubiese despertado de un sueño, y nunca hubiese salido de aquí ni el tiempo hubiese pasado.
Pero ha pasado, no hace falta que mire mi carnet de identidad, cuarenta y siete cumplidos en abril, ni que haya olvidado casi todo lo que me paso. Sé lo que he vivido, sé lo que pasó, porque fue a mí a quien me pasó. En cierta forma soy como ellas, una espléndida superviviente, pude vivir sin cabeza durante mucho tiempo.
 Lo sé, ya no hay  nada que me mate, como a las cucarachas.
Bastaría saber si las cucarachas creen en algo.
Mi madre me dice que lo que no se cuenta no se sabe. Ella no quiere saber, ni recordar, ya dejó su pasado atrás, sepultado. Lo que le queda ahora  son años  extras y enfermedades. Pero yo si quiero contar todo lo que sucedió. Para qué, para qué, dirá mi madre en su tumba, para qué remover el pasado. Para que no vuelva a pasarle a nadie, porque necesito saber, porque no soy nadie si no me perdono. porque necesito perdonarme, olvidar aquel tiempo en el que me sentí una asquerosa y vomitiva cucaracha. Quizás empiece  hoy, en este escritorio desolado y sucio, justo veinte años después de salir del infierno para volver de nuevo a  él.

lunes, 1 de octubre de 2012

El perro muerto



Un hombre pasea en la noche
su perro muerto.
No sabe
 porque aun nadie se lo ha dicho
que el animal lleva tiempo muerto.
El hombre
 acaricia  el lomo
del animal
 que tampoco sabe que ha muerto.
Desde mi ventana los veo pasar
al hombre
 hablándole con voz queda
y al perro que mueve su cola
y lo mira
 con infinita dulzura.
Mi corazón se detiene
en esta imagen melancólica
 del hombre que no sabe que su perro está muerto
y del  animal que desconoce su existencia.
Una mujer pasa y lo mira con desprecio
porque tiene las ropas sucias y un aspecto mugriento.
La mujer
que no sabe que nadie es tan fiel
como este perro muerto
desaparece en la esquina
 entra en la casa
y oye en la habitación contigua
el teclear del hijo
que  desconoce la existencia
del hombre
que camina bajo la noche
con el  perro fiel
que hace tiempo que ha muerto.