Mostrando entradas con la etiqueta Diario de la profesora chiflada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de la profesora chiflada. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de junio de 2018

LA BELLEZA



Me contaba el otro día mi amiga que se sentía defraudada, desanimada y sin ganas de nada;  que no entendía ya por qué había que luchar,  ni si valía la pena la lucha misma.  Ante tanto bombardeo de ideas, de información, ante todo lo que había que hacer, se  había vuelto apática y sin esperanza alguna, y  lo único que le apetecía era  aislarse, perderse, vivir en una cueva alejada de la sociedad. No pude más que animarla y reprocharle la actitud:  debía mantener la esperanza, le dije,  no debía rendirse,  y había que seguir luchando, denunciando. Si se rendía vencerían ellos, apagarían la voz del disidente, del irreverente, del que sacude, del que pica como una pulga chiquitita y  picona  en el culo del poder.
Sin embargo, la conversación me dejó pensando si no tenía cierta razón mi amiga en mantener ese descreimiento al que se veía arrastrada cada vez más por el abatimiento. Estuve dándole vueltas a esa idea: qué es lo que realmente nos salva y da sentido a este mundo sin sentido.
A los pocos días de aquello, me encontré una noche en el Auditorio Alfredo Kraus, escuchando a Pablo Milanés. En ese preciso momento, donde música y poesía se unían, sentí que eran  esos  instantes de absoluta belleza los que daban sentido a la vida, y que así como la flor más hermosa nace de las espinas del cactus, hay belleza en medio de la fealdad y el caos. Pensé que aquella era una buena razón para mi amiga y que así se lo diría cuando volviera a verla.
Tal día como hoy nació el mayor poeta español, Lorca, quien supo bien lo que era la belleza y cómo trasmitirla a los demás.  Hoy es un buen día, amiga,  para que recuerdes  cómo lo asesinaron por pensar como pensaba y por ser quién era; y un día para  no olvidar que, mientras unos luchan por acabar con la voz del disidente, del poeta,  y asesinar la belleza, hay  otros seres que se sienten impulsados a crearla y regalarla a la humanidad como lo hizo él.



lunes, 25 de julio de 2016

AMADA




Amor que todo lo dais
y mis fuerzas extenuáis
con requiebros zalameros
que os escriba me pedís 
del amor que por vos siento
Amada, si no dejáis
 mi cuerpo reposar
ni mi cabeza descansar
pues en agradaros me desvivo
y mil caricias me solicitáis
¿Cómo ha mi cuerpo  estar?
¿ más dónde el tiempo hallar?
Amor,  si mis palabras solicitáis
para con mis versos saciaros más.
¡ Elegid¡¡
¡ escribir  deleites del amor
 o largas horas retozar¡
Pero pensad
Que, al final, es mi rosa la que amáis
Aunque sean  mis palabras

las que pedís y halagáis.

viernes, 13 de mayo de 2016

DEJATE SER




Hace un par de años que vengo experimentando con los descubrimientos que hago conmigo misma y con los alumnos, las posibilidades del teatro en el aula. Este medio me ha dado más posibilidades para intentar extraer de los chicos a los que doy n que doy clase el juego de ser otro. No soy una profesora al uso, no soy una seria y prudente profesora que da su materia y vuelve a casa y corrige exámenes. La pasión me envuelve, necesito retos y autenticidad en mi vida y el teatro me da la posibilidad de exprimir mi pasión por el caos, la creatividad, el impulso
El contacto con los adolescentes me ha llevado a entender que la mayoría de ellos sólo quieren ser escuchado. El teatro les da la posibilidad de hacer y ser otros pero también de verse a sí mismos en el drama (represento escenas de celos, de violencia de género, de machismo, de conflictos entre ellos mismo). 
Estamos ensayando una breve pieza que he escrito, pero me gusta también que ellos comiencen a crear y a hacer sus propias creaciones espontáneas, sus improvisaciones, así que, les dejo toda la libertad para hacer y representar lo que se les ocurra. De vez en cuando se forma el caos, es inevitable, pero me llevo bien con las aguas tumultuosas del desorden. 
Hoy le he pedido a una alumna en las clases de comunicación y creatividad que hiciera lo que ella quisiera en el escenario delante de todos. Una de esas alumnas que no quieren hacer nada, que no hacen nada más que pelearse con las compañeras, vagar por los pasillos y molestar a todos los profesores. Y allí estaba, delante de mi. Así que le he dicho a la alumna, actúa, haz lo que quieras. De pronto los ojos se le encendieron. ¿ Lo que yo quiera? ¿ Puedo poner música? me dijo con los ojos muy abierto. Claro, le he dicho: baila. Y la muchacha ha comenzado a moverse, contorsionando su cuerpo y se ha expresado delante de los demás compañeros que la miraban atónitos. Y he sentido que se sentía orgullosa de hacer algo bien, le dije que si quería participara con nosotros en la actuación para el día de Canarias. Pero esto no es canario, me dice. Pero tú sí, tú sí. Le digo y ha sonreído feliz. 
Con esto quiero decir que se puede transmitir el espíritu contagioso de amor a la vida en forma de saber, de conocer, de expresar, de reír, la capacidad de tolerar, de resistir, de ser, atreverse a ser y a disfrutar de los dones que la naturaleza te da para ser feliz. Entonces he recordado los versos de Salinas: “ Es que quiero sacar de ti tu mejor tú”

jueves, 11 de febrero de 2016

Martes de carnaval



El carnaval siempre ha formado parte de nuestras vidas. En canarias, ni aún con la dictadura franquista, como sucedió en muchos lugares de España, desapareció. Tal vez, porque sus inicios se debió a una necesidad de la población oprimida que ansiaba, al menos en unos días, salir a la calle y subvertir el orden impuesto.
El carnaval era entonces el desorden natural de las cosas, la fiesta por excelencia donde la gente se daba la oportunidad de ser quien no era y se disfrazaban con ropas viejas y disparatadas para transformarse en personajes nuevos y libres,  aptos para reírse de todo y todos.
El carnaval, era también, la necesidad de subvertir los roles, la de representación del otro, la expresión ambigua de los sexos; Los hombres se vestían de mujeres e imitaban sus maneras por un día y las mujeres se envalentonaban con los trajes de hombres.
En mi subconsciente carnavalero tengo siempre presente a mi madre, mujer adusta y seria, disfrutar mientras se vestía, embozada hasta los ojos y con voz de falsete visitaba a las vecinas, riendo hasta llorar por su propio arrojo al no ser descubierta ni siquiera por su propia familia.
Las fiestas del carnaval no podían desaparecer en un pueblo castigado y pobre como el nuestro. Las mascaritas eran el símbolo de la libertad individual a las que ningún gobierno por muy corrupto y dictatorial que fuera podrían hacer desaparecer. Los canarios sentíamos que el carnaval era parte de nuestra idiosincrasia, atributos de un carácter jocoso y vitalista cuyo germen creativo jamás podría ser desterrado por  ningún estado.
El carnaval era y seguirá siendo la expresión de un pueblo, aunque los gobernantes se apunten el tanto y quieran hacerla un espectáculo mediático. La necesidad de alegría justa, pero también por qué no, de revancha y protesta, de subversión necesaria e irreverente de un  pueblo sano ante la opresión cotidiana.
 Ayer, en Madrid han encarcelado a unos actores por representar para el carnaval a jueces, policías y monjas y hacer burla al terrorismo. La detención de la compañía de titiriteros es el símbolo de esta España represiva y asfixiante donde gobiernan el tardo franquismo que encarcela porque teme a aquellos que expresan lo que piensan, sin saber, pobres mortales, que no se puede poner vallas al mar ni  verjas al campo.

lunes, 1 de febrero de 2016

Escribir para qué

Escribir es un oficio inútil, no arregla nada, no soluciona nada. De nada sirve escribir sobre mujeres que se tiran del puente en mi ciudad o sobre monstruos que arrojan bebés por el balcón y asesinan a las mujeres que un día dijeron amar.
Mi amiga me dice que no hable más de política, que deje mi escepticismo y mi crítica a todos, porque aburre y a nadie le interesa. Qué razón tiene cuando me dice que vaya a más manifestaciones y deje de escribir tanto.
No obstante, no lo puedo evitar, hay gente que no puede dejar de escribir, aunque sepa que es un oficio inútil, y además, ya cualquiera escribe, sobre todo y a todas horas. Mi sentido común me dice que no escriba sobre un país llamado caos donde vive un rey confuso y a cuya corte acuden solícitos los jerifaltes que se dan codazos por gobernar. Tampoco debería escribir, me aconsejan, so pena de que me pase lo mismo, sobre el delegado de Intersindical Canaria en el sector de la seguridad privada al que le dieron una paliza por defender los derechos de los trabajadores.
Tiene razón mi amiga. No es políticamente correcto y aburre al más pintado hablar sobre las razones del hombre que lleva meses en una caseta de campaña en la plaza frente al ayuntamiento, ni de las 600 personas en situación de pobreza en Canarias, ni de hombres y mujeres ex toxicómanos que entran en  prisión después de muchos años de estar rehabilitados, cuando los verdaderos ladrones, los corruptos, los que acaban con la esperanza de todos, se libran porque están aforados.
Escribir es un trabajo solitario y poco apreciado la mayoría de las veces. Sin embargo, algunos se ven impelidos a hacerlo como si no supieran hacer otra cosa, como si creyeran en el poder de las palabras y la fuerza reveladora de las mismas.


lunes, 28 de diciembre de 2015

Igualmente jodida




Preparando la maleta para mis vacaciones tengo dudas sobre el libro que voy a llevar para las muchas horas de aeropuerto y avión que me espera. Mientras lo pienso, caigo en la cuenta de que soy un objetivo más que sospechoso para la policía aduanera parisina. Mi rostro árabe y los tres autores libros africanos (un marroquí exiliado en Francia, un egipcio irreverente y una africana feminista) me delatan.
¿Podrían confiscarme el jamón serrano si lo vieran? ¿Sería considerado arma de propaganda nociva ahora que ha entrado dentro de los productos cancerígenos? Las dudas me asaltan.
No. No voy a decir mi voto. Ni siquiera si voy a votar o no. El voto es algo tan íntimo como el sexo. Harta de tanta propaganda, de proselitismo, de exhibicionismo fatuo. La gente anda loca, sacándose los ojos los unos a los otros, dándose mamporros, vendiendo humo. Los políticos se han metido en casa, nos han mostrado sus miserias. La vida privada se ha politizado y la privada se ha hecho pública. Una campaña política puede estar tan vacía como una vida privada.
Pero a la gente le gusta el circo, sacar a pasear su voto, sentir que participa en este sistema hecho para lo contrario. Si eres crítico y consecuente te acusan de inacción, al parecer hay que salir a la calle y liarse a piñas contra el otro.
Las verdaderas elecciones serán mañana cuando se hable de pactos, entonces empezaremos a hablar de verdad.
Seguramente me detengan en el control del aeropuerto. Llevo libros de autores africanos en la maleta. Soy altamente, sospechosa. Aún no sé cuál de los tres elegiré, ni qué opciones tengo. Elija el que elija, salga lo que salga hoy, estaré igualmente jodida.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Hola, soy Victor.
















 Hola me llamo Victor, soy canario, ingeniero y  tengo 32 años. Me considero una persona normal, de mi generación, sobradamente preparado y comprometido con mi sociedad. Seguramente, tan igual como cualquier hombre de mi edad y circunstancias. Sin embargo, hay en mí un hecho diferencial: Soy homosexual.
Normalmente olvido esta minucia, pero el otro día, al solicitar el carné para que mi novio pudiera acceder a las instalaciones del club Naútico me dijeron que no lo permitían porque no admitían a  parejas   homosexuales.
No supe qué decir, probablemente si no me hubiese enfadado tanto les habría contestado que hubiese preferido haber nacido heterosexual, aunque sólo fuera por ahorrarme tanto comentario gilipollas, que la homosexualidad no se elige, señores,  sino que se nace. En fin, y pensar que todavía hay gente que piensa que tenemos todos los derechos adquirido. Una cosa es lo que dice la ley y otra cosa lo que vivimos a diario..
Por suerte, no tengo signos externos que puedan indicar que soy gay, ni ademanes ni gestos, ni una voz especial con la que algunos incautos identifican a los gays. Gracias a que mi aspecto es bastante varonil he podido pasar por la vida con bastante disimulo. Qué quiere que le diga, soy un hombre tranquilo y sólo quiero vivir en paz, sin hacer bandera de nada. Sí, es triste pero es así. Conozco a muchos que no han tenido la misma suerte y ya más de uno ha recibido insultos y  bromas de mal gusto. Así que, si lo puedo evitar, lo evito.
En mi trabajo no hablo de mi vida personal, no porque me avergüence de ello, en absoluto, sino porque sé que no me volverán a tratar igual.  Sobre todo si es un hombre. Me evitarían, y yo no tengo necesidad de provocarme un daño innecesario. Aunque reconozco que en ocasiones me gustaría gritar a más de uno, oye, que la homosexualidad no se pega - a no ser que tengas ganas de que se te pegue-claro. En una ocasión me pasó, con Pedro, me gustaba hablar con él, reírme con él, era el principio de una buena amistad. Sólo eso sin más, pero cuando le comenté que era homosexual, levantó un muro insalvable frente a mí. Nunca más volvió a ser lo mismo.
¿De verdad es tan difícil de entender que simplemente mi opción sexual es diferente? Y siendo así…. me tienen que gustar todos los hombres ¿ Acaso a los hombres heterosexuales le gustan todas las mujeres o a las lesbianas todas mujeres? Por favor, grábenselo en la frente.
Qué harto estoy de todas tantas mentiras, prejuicios y arquetipos. Ese no soy yo. No soy  promiscuo, puedo contar mis amantes con los dedos de una mano y me sobrarían dedos. No soy consumista, ni voy más a la moda que mis compañeros. Soy sólo Victor, joder.
 Y ahora el club náutico que me niega el pase para mi novio. Pues que se queden con su club de fachas y niños pijos para ellos. Como si no tuviese yo otra preocupación.
¿Saben lo que me pone realmente triste? haber perdido a Pedro. Me gustaba como amigo, sólo amigo. ¿Alguien puede entenderlo? Me acuerdo de esto y me entristezco. Luego pienso que no es culpa mía, que el problema lo tenía él.  A fin de cuentas, fue él quien levantó un  muro de piedras entre nosotros.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Bajo el cielo de Paris



BAJO EL CIELO DE PARIS


La conocí  hace más de veinte años y me enamoré de ella. Era la ciudad del amor, de la luz y la belleza  y todo era posible “bajo el cielo de Paris” como cantaba Edith Piaff. Por entonces yo era una muchacha triste y extranjera que se refugiaba en la belleza y  quería formar parte de la ciudad de los escritores, de la boheme, de la libertad que se respiraba en sus calles. Fue un romance intenso el que viví  con esa ciudad y como a las viejas amantes, siempre la recuerdo con cariño y vuelvo más de una vea a ella.
Anoche  al llegar a casa oí por la radio que Paris había sufrido un ataque cruento por parte de terrorista. Pensé en mi mejor amiga que vive allí, pensé en la locura en la que estábamos inmerso y en la creciente destrucción del lema que gritaron de los republicanos franceses:  “liberte, egalité, fraternité”
 Libertad de un pueblo para vivir como quiera y que  ahora perderemos un poco más con la excusa de incrementar las medidas de seguridad. Nuestros derechos fundamentales serán subrogados a favor de la seguridad.
 Igualdad, los informativos comentan que los terroristas, eran jóvenes  nacidos en Europa que se vengan de lo que sucede en Siria.  A nadie se le escapa la exclusión social que vive los barrios marginales de esta gran ciudad. La separación de ricos y pobres cada vez es mayor. Cuando la pobreza y miseria llega, la  exclusión y el odio que se instala en aquellos que no tienen nada y que serán fácilmente seducidos por ideología totalitarias y terroristas.
Fraternidad, la hermandad de los pueblos, los republicanos sabían que sin la solidaridad de los pueblos era imposible la revolución. Estos atentados redundarán de nuevo en los más miserables, en los refugiados que huyen de las guerras y el hambre. Se incrementarán las vallas que impedirán la llegada masiva de refugiados, precisamente por aquellos países que están mejor situados económicamente.
Sin embargo, Paris es un antes y un después.  Estos atentados nos dicen que imposible huir de la barbarie, del terror. Mañana será Londres, Madrid, o las Palmas. Nadie está a salvo del horror.  Si no resolvemos el problema desde la base,  disminuyendo la desigualdad social , la pobreza,  los que no tienen nada se verán con el derecho de arrebatarles  la vida a los que lo tienen todo.

 Sin fraternidad, la hermandad y solidaridad de los pueblos, estamos perdidos.  Quizás habría que comenzar a instalar el lema de la revolución francesa: liberté, egalité, fraternité.

sábado, 7 de noviembre de 2015

No mates al mensajero













Una breve reflexión a propósito de la propuesta del señor Marina acerca de que los profesores debemos ser evaluados y cobrar según el rendimiento que tenga en las aulas. Hacía mucho tiempo que no oía un disparate de tal calibre ¿Igualmente se pedirá a los demás funcionarios del estado esta medida? ¿Se evaluará de igual manera el trabajo de los médicos, jueces y políticos para pagarle según sus resultados? 
Señor Marina, actúa usted como un pirómano cuando intenta enfocar el problema en los profesores, cuando son los más castigados de este sistema obsoleto que llamamos escuela. Si su propósito fue dignificar nuestro trabajo no entiendo cómo comienza por cuestionarlo. No sé cuánto tiempo hace que usted no pisa las aulas o si estuvo dando clase a más de treinta alumnos, por hora, en secundaria pero, si así fue, seguramente ya olvidó lo que es impartir clase hoy en día.
Le aseguro que el problema educativo es mucho más complejo y no está cuestionar el trabajo de los profesores. Como usted bien sabe el problema educativo es multifactorial y no se soluciona matando al mensajero.
Todos los días hablo con madres separadas, que cuidan a sus hijos solas, que me piden ayuda porque no pueden con ellos; están exhaustas, trabajadoras que no tienen tiempo material de atenderlos porque ya los chicos se les ha ido de las mano. 
Todos los días veo padres que pasan de la educación de sus hijos, hombre que piensan que la educación es cosa de mujeres y que de eso se ocupan sus madres. Todos los días hablo con muchachos y adolescentes totalmente desmotivados, con situaciones familiares y económicas precarias, o con todos los miembros de la familia en paro. 
Cuando las circunstancias económicas, sociales no tienen unos mínimos, cuando la igualad entre los sexos no es real, cuando la cooperación entre los parejas no existe, cuando no hay conciliación familiar para el cuidado de los hijos, pasa lo que está pasando: desmotivación, falta de respeto, desorden y fracaso escolar. 
La escuela es sólo el reflejo de la sociedad, ni más ni menos. Quizás podría usted empezar por hablar de justicia social para que así se refleje en el aula o de cambiar las programaciones caducas y encorsetadas, o de implementar en la política asignaturas tan necesarias como la educación en la igualdad entre géneros y la no violencia. Quizás podría usted haber empezado por aconsejar la eliminación de la excesiva carga horaria de los profesores, o rebajar el número de alumnos por clase. Podríamos haber empezado por situarnos en la realidad y no evaluando al docente que sólo hace lo que puede con los medios que puede. 
Mientras las condiciones mínimas de igualdad, respeto, solidaridad no existan no habrá educación que valga. Y por favor, no dispare al mensajero. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Todas somos putas



Ayer le dieron una paliza a una mujer que conozco. Su novio mientra la golpeaba decía que era una puta. Pasa todos los días aunque tú no lo creas.
Hace unos días dos mujeres fueron asesinados por sus ex parejas. Ocurre  cada día. Más de 66 mil mujeres, tan sólo en cifras “oficiales”, son asesinadas cada año en todo el mundo. Esto se llama feminicidio.
Aunque tú no lo veas.
Todas somos putas. También la mujer que abandonó a su hijo un basurero por no poder  abortar. El marido queda exento de culpa alegando que no sabía nada, que él no la había amenazado con que no podían permitirse más hijos. Nunca nadie sabe nada cuando se trata de escurrir el bulto.
La maternidad aún es cosa de mujeres, la desigualdad también.
Conozco a una mujer que tiene miedo a su marido, que ha perdido la fuerza y la dignidad como persona y denunciar.  Hace apenas unos años cuando ibas a la policía a denunciar el policía te decía que te fueras a tu casa. Si lo contabas en la casa de tus padres este igual te daba otra paliza. Ahora si eres un alto diputado también sales absuelto.
Conozco a una mujer que fue violada y no dijo nada. También sé a causa de muchas mujeres que callaron o fueron calladas  para siempre.
Conozco a hombres de izquierdas, intelectuales, comprometidos socialmente que son machistas en su intimidad.
Sé de sindicalistas, comunistas, anarquistas que piensan que aún hay tareas de hombres y de mujeres.
El patriarcado, que no es más que la superioridad del sexo masculino sobre el femenino produce esto:  desigualdades, económicas, sociales, ideológicas que vuelven vulnerable a las mujeres frente a este mal.
El patriarcado está en todas las clases sociales,  atraviesa toda las ideologías, recorre las venas de nuestra sociedad como un cáncer que estrangula tanto a hombres como a mujeres.
Y sin embargo, de diez mujeres sólo tres denuncian el maltrato.
Miedo, vergüenza y no querer perjudicar al agresor son los  motivos que lo explican: Vergüenza a "reconocer las cosas que han tolerado" y miedo a la pareja.
Todas coinciden en que no quieren sentirse responsables de su ingreso en prisión ni que sus hijos o familia se lo reprochen.
Y todas quieren vivir tranquilas. Pero algunas no lo contarán más.

No. No somos putas. Aunque algunos aún lo crean. Sólo quería que leyera esto hasta el final.

martes, 10 de marzo de 2015

El olor de las mandarinas




Elliot estaba en la puerta mirando hacia la sala de profesores. Parecía buscar entre todos a alguien que no veía. Levantaba su cabeza y se elevaba levemente sobre la punta de sus dedos para abarcar mejor lo que buscaba.  Me acerqué hasta él.
-       Hola. ¿ Qué querías?
-       ¿Está Delfina por aquí? -  Me dice despacio y a trompicones.
Observó de nuevo a la sala y no veo a quien busca.
-       No.
Elliot tiene los ojos rojos, como si estuviese a punto de llorar. Tiene un fuerte olor a mandarinas y el labio inferior levemente caído, le tiembla. Tiene una mirada cándida y ahora mismo perdida.
-       ¿ Pero te puedo ayudar yo en algo? - le digo.
-       ¿Puedo llamar a mi mamá? -  Me pregunta señalando la sala de guardia. Es la hora del recreo y no parece haber  nadie allí.
-       ¿Para qué quieres llamar?
-       Es que … Tengo un problema….- dice respirando fuerte y compungido.
-       A lo mejor yo puedo resolvértelo - le digo.
No le doy clases a Elliot pero lo conozco de verlo corretear por el patio y en los pasillos. Debe tener sobre los catorce años. No es difícil olvidarlo porque es el único síndrome down de todo el instituto.
-       Mira.. -  me dice animándose de pronto y abriendo su mochila.
La tiene colgada sobre su pecho, nunca se despega de ella, tampoco de su agenda donde apunta todo. La abre en la fecha de hoy y lee de forma concienzuda sus propios apuntes. Un alumno de tercero y otro de segundo se han reído de él. La letra es redondeada y bonita. Le echo un vistazo por encima y me maravillo de que tenga menos faltas que alguno de mis  alumnos.
-       ¿Y por qué se rieron de ti? – le pregunto curiosa y atenta.
-       Porque dicen que el olor a mandarina apesta.
-       ¿Quién te dijo eso? - sonrío- Si es buenísimo.
Elliot me señala la agenda y me lee concienzudo los nombres de los alumnos.
-       ¿Sabes de qué curso son? – le  digo pensando que decirle sin dejar de sonreír.
-       De tercero y de cuarto diver – Me dice serio-  Están aquí- y me señala al patio.
-       Vale – le respondo- Bueno.. no hagas caso. Eso son tonterías. A fin de cuentas, cada uno tiene sus gustos,  eso no es nada malo.
Asiente pero su mirada me hace comprender que ese no es el problema.  Tiene la agenda apresada como testimonio de todo. No se mueve de su sitio frente a mí.
-       Están aquí.- me repite señalándome justo al lado de la puerta.
En el patio central hay un banco donde a veces se sientan los alumnos en los recreos. Allí hay dos chicas y un chico hablando. Me acerco hasta ellos.
-        A ver muchachos, me dice Elliot que tiene un problema con ustedes.
-       Yo no - dice una chica mulata- Él lo tiene
-       Es que me dijeron que el olor de las mandarinas apesta- balbucea Elliot nervioso.
-       Es verdad- resuelve de nuevo la chica.
-       Sí a mí no me gusta nada- responde el muchacho gordito que esta frente a ella. – Huele a vómito.
-       A mi tampoco me gusta- añade la última de las chicas.
-       Bueno, pues a mí sí.. ¿Dónde está el problema?  A mí el fruto que no me gusta nada es el olor de la papaya. Arrgg …no me gusta nada – Pongo cara de asco- Eso sí que huele a vómitos
-       Sí - a mí tampoco- me dice el muchacho gordo.
Elliot nos mira a todos de hito en hito.  Su problema no se resuelve. Está sentado junto a ellos. Pero se siente ofendido porque se han reído del olor que dejó la mandarinas en su boca y en sus manos.
-       Bueno, pues cada uno tiene sus gustos- concluyo - Pero a veces decimos las cosas de una manera que podemos herir al otro.
-       Es que yo no me reí de él . Sólo le dije que el olor a las mandarinas apesta.
-       Bueno, a lo mejor es que se lo dijiste muy brusco y a él le dolió. Él es muy sensible. Hay gente sensible: unos para la música, otros para la pintura, y Elliot para los sentimientos.
Los muchachos asienten, comen sus bocadillos y piensan lo que les digo.

-       Así que venga- les digo alejándome- que ustedes son amigos que los he visto yo muchas veces en el patio abrazados. Así que hagan  las paces. Les doy diez minutos. Estoy  al lado.