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jueves, 23 de enero de 2014

Pedagogía humanística II


Lo bueno de esto es que con todo este jaleo me he olvidado del perro abandonado en la carretera. Llevo varios días viéndolo. Aparece de pronto, en medio de la carretera y yo  conduciendo como las locas, y con la lluvia que estaba cayendo. Debí mirar para otro lado, lo sé, pero no lo hice, detuve el coche, bajé la ventanilla y lo llamé. Apenas se detuvo un segundo, la lluvia le caía sobre el pelaje negro y brillante y los ojos marrones como avellanas me miraron antes dar dos pasos para huir
-       Seño, hablemos de eso venga.
Hablemos de eso, hablemos de sexo, los chicos quieren saber  (¿y es que, ningún adulto de carne y hueso y no a través de video juegos o de películas porno les ha hablado de sexo ?)
Un día denso hoy, pero no puedo eludir la noticia del día. Podría. Pero no lo hago, por ellos.  Míralos, están ahí, perdidos con sus móviles en la mano, es el  tema de los pasillos, todos han compartidos  y comentan ya  las imágenes, estan sedientos de conocer. Benditas edades aún con la capacidad de asombro intacta. Al fondo del aula, oigo la palabra “guarra” repetidas veces, incluso algunas chicas se atreven a decirla en alto.  Hay que
-       A ver.. si hacemos un diálogo que sea ordenado, respetando el turno de palabra y escuchándonos.
-       Vale, yo primero. ..
-       No .. seño, puedo  opinar yo- dice otro.
-        Cómo vas a opinar si todavía no sabes de qué.. Piensa primero, piensen todos, por qué, es mi pregunta, en el video que todos ustedes tienen, por lo que parece ya en el móvil…
-       el video ya llegó hasta la península, seño…
-       Sin interrumpir.. .
-       Por qué… repito y esta es mi pregunta para que todos reflexionen, si los dos lo hacen lo mismo.. por qué …“la guarra” es la chica.
-        Porque fue ella quien lo subió...-  responde Iván sin esperar a que yo le dé el turno de palabra.
-       ¿Has pedido la palabra? 
-       No… - responde..
-       Pues, entonces,  cállate… A ver, en el video se ve que él está grabando, o sea, que fue cosa de los dos…
-       Pero ella lo subió seño, eso es verdad- dice una chica – tenía otras fotos de ella desnuda en Instagrand..
-        Quería ser como Lucía la Piedra… – responde uno orgulloso de saber más que los otros.
No sé quién carajo es Lucía la Piedra, pero imagano que debe ser algún icono hortera de la televisión, alguna mujer que ha ganado dinero vendiendo  sexo.
-       Si no respetamos el turno- digo levantando la voz y lanzando una mirada furibunda- … paso a dar el adjetivo, que es lo que toca.
-       No seño.. no – voces del público aclaman clemencia.
-        Vale..  Entonces a mi pregunta… aunque fuese ella la que subió el video a Internet... obviemos ese dato.. vuelvo e insito .. Por qué es ella “guarra” como dices ustedes,  …y no él, también..
Manos alzadas. Le doy paso a Pablo.
-       Porque ella se la  chupa a él.
Risas.
-       ¿ Y qué pasa? ¿ Que hay de malo en eso?
-       Que es una guarra….
-       A ver Pablo…en el acto sexual, entre personas adultas, vale de todo, mientras que los dos quieran, y el chupar es una práctica de lo más común, te lo aseguro…
-       ¿Sí?
-       Sí… pero esa no es la cuestión…. Seguimos.. Por qué…
Revuelo. Manos alzadas. Risas. Nerviosismo. La clase bulle.
-       Seño, yo..
-       Venga Cristina
-       Es que a mi me parece que es de guarra subir un video haciendo eso con el tío…
-       Bueno.. Me parece muy bien tu opinión… pero mi pregunta es por qué se la condena a ella  y a él no.
Camino por el pasillo que dejan  los pupitres, los chicoss están atentos, expectantes, ansiosos de hablar, de preguntar, de saber.
-       Por machismo, seño, porque el chico también se porta mal y le dice a ella que es una guarra en el video, ella no se deja respetar, pero él es igual, un machista…
-       Bueno, menos mal, que alguien piensa un poco más.. – respiro.
-       Encima tiene la cuca chica. – dice Pablo  y todos le ríen la gracia.
-       Sin salirse del tema… por favor
-        Seño, en verdad…- responde Silvia-   el chico es un machista porque le dice, cuando le está haciendo eso “ese collar no pinta nada ahí”
Risas. Mas manos alzadas.
-       Otra pregunta, por qué alguien haría algo así, quiero decir por qué los jóvenes hacen esto, subir imágenes eróticas en la red …
-       Para tener más seguidores, seño… ¿Para qué va a hacer? Para que la gente le ponga me gusta, cuanto más tenga mejor, así se hacen más famosos…
Debe ser cierto porque lo dice Fernando, uno de los más avispado y listo de la clase, debe ser por eso  que nunca estudia.
-       De todas maneras, seño, yo no creo que ella sea una guarra.. por lo menos, no más que él… quiero decir, a mi me parece bien..-  sonríe, aleteo de pestañas -  si ella…quiere le puedo dar mi teléfono.

Toca la sirena liberadora. Sigue lloviendo, con una lluvia fina y encendida. Al bajar del pueblo he vuelto a ver al perro. Me detuve al borde de la carretera y lo volví a llamar. El animal asustado se  quedo quieto, mirándome, la lluvia le escurría por el lomo haciendo que brillase más su pelo negro azabache. Me acerqué a él y le di el resto de mi bocadillo.  Estaba flaco, se le notaba el vientre hundido y  los huesos en las cadera. Seguramente llevaba varios días sin comer, perdido o abandonado. Alguien debió dejarlo allí, o quizás esperase a los dueños de aquel almacén cerrado. Quién sabe. Lo más probable es que fuera mal cazador. Cuando los perros no sirven para cazar los suelen  abandonar a su suerte. Con pasos lentos pero ágiles el animal ascendió hasta la colina desde donde miró desde lo alto con gesto digno, más digno que el de mucha gente que he visto. Me dí la vuelta y volví a mi coche. La carretera serpenteaba,  la lluvia y la niebla daba una aspecto irreal al campo.

miércoles, 15 de enero de 2014

Pedagogía humanística



Son las ocho de la mañana de un lunes frio y húmedo de invierno. Los chicos, mis 25 adolescentes de  hormonas alteradas me esperan  revoloteando alrededor de mi mesa.
-        Seño, no ha visto el video de la guarrilla de Arucas- anuncia uno.
Mis alumnos ya me conocen, saben que no soy una profesora al uso, que me pueden decir cualquier cosa, tienen  la confianza para contarme lo que sea sin miedo al reproche o a que me  escandalice. Normalmente, los escandalizo yo a ellos. Es cuestión de romper prejuicios o moldes establecidos, y de eso, les aseguro, tienen mucho. A veces, me gustaría probar a ser más severa, o no dejarme llevar por el apasionamiento. Hay algunos aspectos que me  gustaría mejorar, por ejemplo:
 Tener más paciencia ( ¡¡ Dios santo, cuánta¡¡)
 Evitar palabras mal sonantes de tipo: estoy hasta las p…….  Estoy hasta las t….. estoy hasta los…….( no son propios de una profesora una profesora de lengua, aunque lo confienso,  me descargan bastante).
3 º Evitar la ironía y el sarcasmo ( misión imposible)
A parte de esto, creo que no soy mala docente.  Los chicos me suelen  apreciar y yo a ellos. Además, qué carajo, no puedo evitar ser de esta forma, no sé enseñar de otra manera más que como soy: pedagogía humanística, lo llamo yo.
En cualquier caso, ellos se sienten encantados porque me muestro tal como soy, natural y desenfadada, irónica a veces, receptiva y curiosa, siempre. Saben que mi letra se parece un poco al árabe y que no puedo evitar reirme de todo la mayoría de las veces. Nunca me creído nada, quizás por eso, nunca he sabido marcar las distancias,  y ya los ves, revoloteando como abejas a la miel, alrededor de mi mesa.
 Si de algo estoy segura es de que  cada día aprendo de ellos. La lección más importante siempre te la da un adolescente, precisamente porque es el germen de la rebeldía y de la coherencia, luego la vida le dará cachetones y lo pondrá en su sitio o no, según como la vara haya sido modelada en el viento.
De un adolescente es necesario saber:
1º Que no puedes enfrentarte a ellos desde una altura de superioridad. (el respeto no se consigue con la dominación ni la imposición)
2º El respeto se gana en la igualdad ( atrévete a discutir con un adolescente) siempre es mejor que no hacerlo.
3º Ellos no tienen nada que perder (esta es una buena baza a la que el profesorado no podrá nunca acogerse)
4º Antes que nada valoran la sinceridad y la autenticidad.(Sapere Aude: atrévete a saber)
Aprendidas y asumidas estas evidencias sólo queda dialogar y concensuar, y si es  mediante una chispa de humor, mejor que mejor. Los chicos se pelean por enseñarme sus móviles. Noto la emoción en sus miradas expectantes.
-        ¿Un video?¿Qué video?- les pregunto esperando cualquier cosa.
-        Una guarrilla, seño, se lo monta con un tío y lo colgó en internet- dice una voz atrás.
-         Lo subió al youtube – dice otro
-        y al Instagram.
A veces, entras en el aula y ocurren cosas como así. Ninguna teoría educativa ni ningún pedagogo nos ha enseñado jamás a enfrentarnos a situaciones como esta. Así que hago como siempre, mostrarme natural y receptiva.
-        A ver de qué me hablan - les digo descargando mi bolso y los libros sobre la mesa.
-        Mire seño … ¿lo quiere ver?
-         No sé si quiero verlo, la verdad- comento resignada.
-        Sí, seño, mírelo, mire a la guarrilla- dicen algunos.
-        ¿lo quiere ver?- insiste el primero.
Debe ser una pregunta retórica porque ya me está metiendo el video debajo de los ojos. Intento no poner ninguna cara especial. En la imagen una pareja de adolescente practica el acto sexual mientras se graban. La chica se contorsiona como una verdadera profesional y el chico, con gesto de orgullo, hace caritas de imbecil mientras mira hacia la cámara.
-        la chica es  de Arucas, seño, mi hermano la conoce.
-        ¿ Y el chico?- les reto.
-        Lo tiene todo el Institituto, profe, se lo han pasado a todo el mundo..
Seguramente, orgulloso de la faena el chico le paso la grabación a un amigo y este a otro, y a otro, y finalmente ha dado la vuelta en todos los institutos de la isla. Cuando escribo esto ya se ha que ha salido incluso por Antena 3. Sé que si mis alumnos me lo enseñan es porque quieren saber mi opinión o porque quieren hablar del tema.
-        A ver…. Tranquilidad y sosiego… díganme-  y por qué es ella “la guarra” como dicen ustedes.. y  él.. ¿Qué es?
-        Ooohh .. él no lo subió- responde un alumno.
-        El es el puto amo- dice otro.
Risas generales, jolgorio en aula. Y sólo son las ocho y diez de la mañana. Siento que la sangre se me acelera, presiento que no va a ser una mañana fácil. Hoy  de nuevo debate.

( CONTINUARÁ…)



miércoles, 18 de septiembre de 2013

Quién soy: presentaciones



En mis clases rara vez me siento. Ando de un lado para otro. Yo también soy hiperactiva, les digo a los chicos que se presentan como tales, y debe ser cierto, sólo que en mi época no se trataba, las madres nos llamaban “demonio” o “desinquieta” y le pedía a la profesora que nos atizara si nos portábamos mal. Esa era la disciplina. En mis clases intento mostrar mi carácter inquieto, educar con las emociones. Cómo podría ser de otra manera, en el fondo soy una sentimental. Pero nadie nos ha educado para hablar de las emociones.  Hablar en el aula tiene un riesgo que cuesta controlar, al menos, al principio. Hay que controlar a la masa, enseñarles a levantar la mano, a escuchar al otro, a pedir permiso. A veces, quieren hablar todos a la vez. Otras les cuenta salir y hablar en público. Debo andar mediando, animando a que hablen, les indico que la competencia lingüística es también saber hablar, saber expresarse. A algunos esto les suena esto a chino. A estos chicos casi nadie les escucha, así que les conmino a que hablen, a que piensen.
-        Qué tal si nos presentamos y nos vamos conociendo. Si decimos algo de nosotros mismos- les reto desde el primer día.
A algunos les cuesta mucho hablar de sí mismo, decir las cualidades de su carácter.  
-        No sé, seño…
-        Algo sabrás de ti, piensa un poco. ¿ Cómo te ven los demás?
Piensan, buscan, rebuscan en su interior.
-        ¡Venga ya, empieza¡- les grita otro desde el fondo.
-        Tranquilidad, cada uno tiene su tiempo. Déjalo que piense.
El muchacho de brazo escayolado mira al techo, luego al suelo, después arranca.
-        Soy inquieto, soy travieso, soy malo…- comienza.
-        Bueno, algo bueno tendrás..
El chico se balancea sobre un pie, sostiene su cuaderno recién estrenado en las manos.
-        No sé.
-         Bueno ¿ Qué tal si te digo que eres humilde?
-        ¿Eso qué es?
En educación se habla poco de sentimientos. Nadie nos enseñó a educar en sentimiento y menos a hablar de ellos. La educación debía ser académica, científica, formal. Que alguien les pida hablar de sí mismo y en publico debe ser un acto extraño. Algunos profesores van ya por el tema uno, el verbo “parler”, los instrumentos de la tecnología. Yo ando aún insistiendo en que hablen de sí mismos.
Los escucho, observo sus necesidades, algunos casos más patentes, esa chica desamparada que busca llamar la atención obstinadamente, sus realidades más profundas, el muchacho que quiere decir lo que nadie quiere saber. Educar las emociones con la emoción.
-   seño…
-   qué pasa ahí atrás , alguien me cuenta qué pasa, Noel,
-    soy Joel, seño..
-   Pues Noel, qué fue, qué te da tanta gracia.
-   Nada- pero sigue riendo a carcajadas.
-    Entonces, podemos seguir oyendo a los demás hablar – le respondo acercándome.
-    Es que… me da risa- me dice el muchacho nervioso y risueño…
-    Pues cuenta, qué te da tanta risa.
-   Este- dice señalando a su compañero de atrás- lleva 20 meses con una chica y aún no lo ha hecho.
Risas. Ya tenemos tema. El compañero mencionado, un muchacho de mejillas rojas y gesto fruncido, hunde su cabeza en los hombros. Avergonzado.
-  ¡¿Hacer qué?- pregunto con sorna.
-    Pues eso- responde abriendo mucho los ojos.
Risas…
El alumno, un muchacho negro, de apenas medio metro de altura,  debe de  andar por los trece, si contamos que está repitiendo.
- Follar – se oye desde una mesa al fondo.
-   Ah… eso… - digo enigmática
-   Yo sí lo he hecho- dice Joel.
-   En unos cartones.- salta como un resorte  el compañero ofendido.
-   Al menos lo hice. – responde enojado.
-   ¿En unos cartones?- le pregunto.
-   Sí, en un solar.
-   Bueno, y qué, ¿Te sientes diferente ahora?- me acerco a él.
El muchacho no sabe qué responder.
-  
-   Pues yo te veo igual que el curso pasado..- le digo.
-   Sabes, yo creo que tenías ganas de que los demás lo supieran, bueno,  un aplauso para Joel.
Todos aplauden. El muchacho se desarma.
- Bueno Joel, creo que aún eres un niño para eso, un adolescente, pero bueno ya hablaremos de sexo en otro momento. Ahora vamos a oír a los demás compañeros ¿De acuerdo? 

martes, 4 de diciembre de 2012

Un día cualquiera de la profesora chiflada





Mi amiga Julia me dice que cuente más historias de mis clases. Que se me ve el alma y el coraje en esos relatos, y que en esas anécdotas de mis clases arrebatadas y locas, ve futuros destellos de una luz fragrante al fondo del túnel.
Pobrecilla, qué lejos esta de la realidad, qué lejos estamos todos de lo que se avecina. Trabajando con adolescentes no dejo de salir de mi asombro cada día. Hoy, sin ir más lejos, un alumno me  ha enseñado un vídeo de un narco cortándole la cabeza a hombre maniatado con una sierra eléctrica. No sé si me impresionó más el vídeo que la impasibilidad con la que me lo mostraba. 
Prefiero a los más pequeños, a los de once a doce años. Aún estos guardan la inocencia que perderán en breve. Con ellos me divierto, hacemos teatro y nos partimos de risa o nos inventamos un cuento donde son los protagonistas. No pretendo enseñarles mucho, que sean honestos y buena gente, que descubran el placer de leer y de unir palabras entre sí. Eso es todo.
Así que, querida Julia, ahí va un día cualquiera la profesora chiflada. Ninguno es igual que otro, pero todos, a fin de cuenta, son iguales.
La profesora chiflada llega hoy con la música a todo volumen. Aún no son las ocho y algunos chicos esperan a la puerta del centro para entrar. Conduce a una velocidad no muy conveniente. Los chicos la miran y entonces comienza el espectáculo, levanta sus manos en forma de batuta mágica y arrebatada como está por la gloriosa opera que suena, comienza a agitar sus brazos siguiendo el ritmo de la música que asciende mágica en la mañana  tibia. Los chicos me miran, sonríen y se hablan entre ellos.
- Magnífico. Espectacular. - les digo saliendo del coche. .-  ¿ A qué si?
Una maestra es una actriz, un payaso casi siempre, también es el flautista de Hamelín al que todos los niños siguen. Los alumnos, ansiosos de atención vienen como abejas a la miel a la mesa de la profesora. Aún no ha empezado la clase y ya están allí con sus preguntas..
- seño,  hoy es el cumpleaños de Peque se puede sentar conmigo.
-  seño, puedo leer mi noticia 
- No, ahora no, siéntate.
- Seño, por qué me tengo que leer  otro libro si ya me he leído dos.
- porque no produce cáncer. Siéntate.
A veces la profesora tiene que explicar cosas muy pesadas y grises, el adjetivo, el adverbio… Y no siempre consigue la atención que requiere.
- A ver que alguien me explique- les digo dejando las explicaciones-  Por qué todo el mundo, la siente donde la siente, acaba hablando y mirando a Cristina.
-  porque es guapa- responde uno.
- Bien, pues entonces mírenme a mí…
Risas. Luego me toca tercero. Hoy estoy enfadada porque toda la clase ha hecho un "corte y pega" de Internet para un trabajo de literatura y les doy la reprimenda.
- Pero,  a ver, una pregunta  y me gustaría que alguien me respondiese seriamente-  ¿ es que ustedes me han visto a mi  cara de tonta?
Silencio.
- No, en serio… Es que acaso alguien pensaba que iba a aprobar en esta clase haciendo un trabajo copiado de Internet  Pero en qué estaban pensando. Escuchen., la gente del campo. Esa que no tiene estudios ni sabe apenas leer, sabe algo que ustedes aún no han aprendido y que quizá, no aprendan nunca. Han aprendido a respetarse, a no engañar. Estamos aquí para aprender esto. Lo más importante es ser honesto. ¿Qué quieren, ser como Dimas Martín? ( político local que  todos conocen)
- pero ese hizo cosas buenas.. -dice una voz apagada.
- claro.. . hizo cosas tan buenas,  tan buenas para esta pobre gente de la isla que por eso está en la cárcel.
A última hora imparto ética. Mientras voy a buscar el ordenador y el cañón de imágenes han robado el móvil a una chica que llora desconsolada. Ya es la segunda vez con el mismo grupo. Nadie fue. Voy al director. No somos policías me dice con la mirada perdida y casi a punto de darle un infarto. Bien, es cierto. Hablo con los muchachos, tranquilamente.
- Chicos, la verdad, robarles a sus propios compañeros… qué feo está esto… y en clase de ética.
 Silencio. Subo hasta mi departamento, siempre ando olvidándome cosas. Cuando vuelvo a la clase el móvil ha aparecido ¿Lo devolvieron los ladrones arrepentidos de su acción o lo encontraron las astutas investigadoras?...
Ah. Esto será para el próximo capítulo

lunes, 10 de septiembre de 2012

la guardiana del saber



Nada más abandonar la ciudad, dejando los viejos cuarteles militares a la izquierda y el nuevo hospital a la derecha, nos encontramos con el Centro. Así, visto de lejos, podría parecer una cárcel o un centro de reformas de adolescente problemáticos. Pero es sólo un Centro de Educación Obligatoria. Si nos asomamos al interior, mirando tras su rejas, vemos un patio central alrededor del cual se distribuyen las aulas, o al menos, eso creo, porque es la primera vez que entro aquí. Me encamino con paso firme  hasta la recepción y el conserje me reconoce.
- ¿ profesora nueva?.
- Sí - respondo, y me señala la sala de profesores.
Unos treinta profesores y maestros se saludan, el grupo se mira, se observa, los que van llegando se incorporan a este nueva rueda de presentaciones.
-  No me gustan los besos, doy a todos por saludados- comento desde la entrada con una amplia sonrisa. Todos me miran.
El director nos convoca para una reunión, lo que me salva de tener que presentarme. No dura mucho, lo justo. hay que examinar. A la salida, algunos alumnos esperan ya en los pasillos para hacerlo. Alrededor de una mesa están todos los de raza negra, hay una mayoría de chicas. Alumnos y profesores nos miramos por primera vez.  Ellos nos miran directamente, nosotros, hacemos como que no miramos.  
A las once menos diez abrimos las aulas y separamos las mesas. Abro los sobres blancos donde están los exámenes, dos hojas grapadas con preguntas. Leo algunos epígrafes por encima. Observando el tipo de examen puedes saber qué tipo de profesor es. Este era tradicional, formal, y ajeno la realidad del alumno: las categorías gramaticales, la rima, sintaxis, la literatura Medieval, obras de Gonzalo de Berceo…
Siento una rabia sorda que me nace en el estómago. No me imagino a ningún alumno inteligente interesándose por las obras de un monje del siglo XIII.
 Pienso, mientras leo, que yo tampoco yo sé lo que un serventesio, ni quiero saberlo.
Los alumnos empiezan a llegar, cogen el examen y lo miran con la misma cara de aburrimiento. Comienzan a escribir, algunos no han traído ni bolígrafo. Los miro con compasión, no me extraña que detesten esta asignatura: los grados del adjetivo, los hiperónimos,  los hiatos, los conectores narrativos…
Me siento en mi mesa a leer, soy la guardiana de esta cárcel del saber. Ellos, encadenados al pupitre escriben, o no.  Algunos ya se han elevado por encima de la hoja y piensan en otra cosa, fuera del aula cárcel, lejos de aquellas palabras extrañas y sin significados.
En el clase de al lado hay follón, oigo a mi compañera invitar a salir un alumno de la clase. El director asoma la cabeza por el aula, hace una señal de saludo y continúa, todo va bien, detrás entra una alumna despistada. Al lado se oyen las voces de algunos chicos, deben ser que se rebelan contra el alejandrino, contra el adverbio, contra las palabras invariables, contra las funciones del lenguaje y los complementos indirectos...
 Los primeros comienzan a salir, miro los exámenes por encima y sé que están todos suspensos, apenas han escrito unas líneas, luego comienzan a salir en cascadas, cabizbajos, liberados, felices. Un alumno se acerca, qué son las figuras literarias, me pregunta. No se lo debería decir pero se lo digo, no es la llave de la prisión.
La chica que entro al final me entrega el examen, huele a pobreza, a hacinamiento, a paro. No quieres escribir más, le pregunto, niega con la cabeza. Todos se van marchando, va quedando el aula vacía. Sólo estamos el alumno que me ha preguntado y yo, frente a frente. Se levanta dubitativo, me mira, finalmente me pregunta.
- Manrique fue el que escribió el Lazarillo.
- No, respondo, Ese es el de la Coplas por la muerte de su padre, el Lazarillo es una obra anónima.
 Se sienta de  nuevo, escribe,  duda se levanta, me mira.
- Entonces, Fernando de Rojas fue el que escribió  el Lazarillo, insiste.
- No, le digo, te dije que era anónimo, eso quiere decir que no se conoce el autor.
Se lleva la mano a la cabeza sorprendida. Se sienta de nuevo y escribe como un amanuense medieval.
- Ya es la hora-  le digo
Me entrega el examen, noto cierta vergüenza en sus ojos, le echo un vistazo. Apenas ha escrito unas líneas.
- Cuántas te quedaron, le pregunto.
- Cinco, responde.
- Bueno, pues nos vemos este curso.
- ¿Qué cursos va dar usted?
- Aún no lo sé - le digo.
 Cierro la celda detrás de él y salgo.