Queridos padres de alumnos:
Les aseguro que
no somos magos, aunque a veces hagamos malabarismo. No tenemos soluciones
milagrosas e inmediatas, por más que algunos de ustedes lo crean. Tampoco somos
psicólogos ni hemos estudiado para ello, a pesar de que, en ocasiones, hagamos
de terapeuta en las largas sesiones de visita de padres. Somos simplemente
maestros y profesores, inmersos en el día a día de sus hijos y el futuro que le
espera.
Queridos padres,
tenga consideración con el maestro y no mate al mensajero. No lancen contra
nosotras todos sus dardos. Los docentes no tenemos la culpa del estado de
desidia, de la falta de valores de esta sociedad y del poco esfuerzo de sus
hijos. Pero si de algo debe estar
seguro, es de que queremos lo mejor para sus hijos. Sepa esto por su bien, los profesores
no tenemos “mania” a su hijo, si le reprendemos varias veces su conducta o le
suspendemos en una asignatura.
Cómo hacerle
entender que el profesor tiene y debe ser siempre su aliado. Por favor, no dé crédito
a todo lo que su hijo le cuenta, los niños también mienten para su
conveniencia. Los chicos no son siempre ángeles, manipulan, engañan y saben
perfectamente hacerse las víctimas cuando algo no sale como ellos quieren. A
fin de cuentas, es lo que han aprendido de nosotros, es el regalo que les hemos
dado.
Como pasamos
menos tiempo con ellos y nos carcome la culpa, los sobreprotegemos en exceso
y les consentimos cuando estamos
con ellos. Y así nos va. Pues sepa que, educar no es dar todo lo que pide,
tampoco educar es dar crédito a su hijo en detrimento de la palabra del profesor,
pues si lo hace nos desbanca de la autoridad necesaria para poder enseñar.
Hay mucho
silencio alrededor de esto, el profesor se siente avergonzado de contar lo que
sucede en el aula, como si esto presupusiera ser un “mal profesional” y callan haciéndonos
a todos cómplices de este ignominia.
Pero hay que
decirlo bien alto para que la sociedad se entere: Los maestros y profesores
estamos expuestos e indefensos no sólo a la violencia verbal de alumnos
consentidos o malcriados, sino además, a la ejercida por padres, desbordados
por las circunstancias, quienes han encontrado un blanco fácil y a mano contra
quien destinar su rabia.
Bien sabemos que
ser padres no es una tarea fácil en un mundo convulso y caótico como este. Pero
en este maremágnum de desidia y confusión, la educación no debe ser una isla
pues es lo único que puede salvarnos.
Piense que, a
fin de cuentas, nosotros, los maestros y profesores estaremos aquí durante un
breve espacio de tiempo, pero no pierda el norte, porque el timón de la educación
de sus hijos está, finalmente, en su mano.

