El significado de las cosas

Treinta y siete grados marcaba el barómetro colgado en la pared. No había sido mala idea bajar las persianas y dejar todo a oscuras, de esa forma el calor no entraba por la ventana. Se había quedado adormilada en el sofá y había tenido un sueño extraño, viajaba por un río en un paquebote en un paraje selvático. Unos indios la acompañaban. Sobre cubierta uno de ellos le mostraba una especie de talla inca donde dos indios luchaban. Charlaba con uno de ellos en su propia lengua. Regateaban sobre el precio de la talla. Que sueño tan extraña pensó, debía de ser por el ruido del ventilador, suena igual que el motor de un barco.

La imagen de Lucía alejándose de espaldas en el aeropuerto volvió de nuevo a su cabeza. Observó su espalda morena, su andar lento y sinuoso que no volvería a ver más. Quería fijar en su retina aquella imagen que sabía efímera para que permaneciera siempre en su recuerdo. Ahora que podía dar rienda suelta a su tristeza comprobó que no tenía más lágrimas. Su pensamiento voló al collar que le había regalado en el último momento. Es el yin y el yan, le había dicho, El bien y el mal. Yo soy el mal y tú el bien. Entonces sonrió. Que alguien piense que somos el lado bueno de una historia siempre hace sonreír.

Pero no iba pasarse el día postrada en el sofá removiendo recuerdos inútiles, por lo que se levantó enérgica y se dio una ducha. El agua fría la reanimó. Se calzó una sandalias y un vestido de verano y salio a la calle. El calor había arreciado ligeramente, aún así, todavía hacía mucho calor para aquellas horas, las siete y media de la tarde. Por algunas de las estrechas callejuelas la brisa fresca que se había levantado hacía agradable el paseo. Decidió que dejaría la compra para más tarde, que le apetecía dejarse llevar sin rumbo siguiendo las sombras de los callejones y la brisa de media tarde. Lo hizo así durante un trecho, deteniéndose a mirar sin demasiado interés los escaparates. Se detuvo ante una tienda de antigüedades que no recordaba haber visto antes. Frente a la cristalera observó con curiosidad la disparidad de objetos expuestos, desde una hojilla de afeitar de barbero hasta una máquina de escribir antigua. Sin saber bien porqué entró en la tienda. Era un pequeño almacén no exento de cierta belleza distraída. Un agudo olor a iglesia flotaba en el ambiente. Todas sus paredes estaban recubiertas de una madera oscura que hacían las veces de estanterías y sobre las que colgaban objetos antiguos y extraños.

En una de las estantería observó con deteniendo un cráneo de minúsculas dimensiones. Caminó hasta él en un estrecho pasillo atiborrado de objetos, hasta llegar a aquello que llamaba su atención.

No era posible. Justo al lado del cráneo reducido estaba la figura del sueño. Era una circunferencia sobre la que estaba tallada en bajo relieve la contienda de dos indios. No daba crédito a lo que veía, no era posible tanta casualidad. La cogió con temor entre sus manos.

La madera del suelo crujió. En dirección a ella, un anciano de aspecto singular se le acercaba. Sus largos cabellos canosos caían a ambos lados de su rostro, sus ojos rasgados eran apenas visibles bajo el manto pesado de sus párpados. Vestía de un modo insólito, como si viniese de algún lugar lejano. Llevaba puesto una casaca colorada sobre unos pantalones cortos, de color verde caqui. A pesar de esto, lo que más le llamaba la atención del anciano era la inquietante sensación de que ya lo había visto antes. Hubiese jurado que aquél era el indio con el que había regateado en el bote.

- Tiene usted buen ojo- Dijo la voz profunda -Es una pieza muy antigua.

La mujer tuvo que apoyarse en la estantería, pero tuvo que apartarse pues notó la mirada preocupada del anciano ante la posibilidad de que estas guardasen poco su peso.

- Es una pieza prehispánica, una copia claro.

- Es muy curiosa- y notó que su voz a pesar de todo no temblaba

- qué representa.

- Dicen que al soñador y al despierto. Al parecer todos tenemos dos almas, una la del soñador que sueña lo imposible y otro la del despierto que se aferra a lo existente. Aquí están entablando batalla.

-¿Y quién gana? - preguntó la mujer.

- En realidad es imposible la victoria, nadie puede de pertenecer a uno sólo de los mundos - dijo el hombre mirándola fijamente- Cada uno de ellos se nutre del otro, el soñador, es el ser creativo, el que desafía las leyes naturales, el que sueña, y el despierto es el que se aferra a lo real, a la seguridad de lo conocido. Pero en la conciencia ambas puertas están comunicadas.

- y si es así ¿por qué pelean?

- A saber, quizás porque son opuestas, y ni ellas mismas lo saben- dijo meditabundo-. Pero desde luego están condenadas a encontrarse y a nutrirse mutuamente.

De pronto, el anciano como si despertara de un ensueño le tendió la pieza

- Se la dejo en cien euros.

- que sean cincuenta.

- 70

- 60. Ni para usted ni para mí.

Cuando salió de la tienda con la pieza bajo el brazo lo primero que percibió distinto fue aquél intenso olor en el aire, mezcla de esencia, musgo y madera. Lo que vio después no supo qué nombre darle. Aquella no era su ciudad, porque en ella nunca había habido mar ni río. Como si caminara en sueños, sus pies se encaminaron hacia la dársena de donde descargaban destartalados paquebotes.

Abrió los ojos. El fuerte sol de mediodía entraba por las rendijas de la persiana y tatuaba su cara de sombras y luces. La mujer india se levantó del suelo con parsimonia y dobló la esterilla que guarda en una esquina de la choza. Un hombre la saluda desde el barco que pasa por el río. Pero la mujer no se da cuenta pues está inmersa en sus pensamientos sobre un extraño sueño que ha tenido. Se ha visto a sí mima dormir a oscuras en otra casa, vestía ropas extrañas y caminaba por una ciudad extranjera.

Comentarios

alejandra ha dicho que…
Quizás no exista tanta ficción en la historia y a veces vence el soñador y otras el realista...
niña imantada ha dicho que…
Me ha gustado mucho tu blog, espero seguir poder seguir por aquí
Belén ha dicho que…
Yo creo que muchas veces gana uno de los dos, aunque sea por un tiempo pequeño. Yo creo que soy muy poco soñadora

Besicos
Anónimo ha dicho que…
El yin el yan
Los polos opuestos
fuerza de atracción
la mutua nutrición
y mi pregunta.....
¿qué sucede cuándo ello se produce en una misma persona?
¿A qué lleva esa confrontación interna?
¿ganan los dos partes del uno?
¿gana una de ellas?
o ¿pierden las dos pates del ser?

¡¡ Cuán díficil llegar al equilibrio en los dos casos, ya sea en dos personas o en una misma!!!
BOHÊME
chalyvera@gmail.com ha dicho que…
El que se sale con la suya es el soñador, por lo menos disfruta de la vida.


Besos
Anónimo ha dicho que…
NO LEI EL TEXTO ME PARECIA LARGO A SIMPLE VISTA POR LO QUE DEDUJE SERIA UN COÑAZO .LA FOTO DE CABECERA ME PARECIA INTERESANTE NADA MASS
Allek ha dicho que…
Pasaba a saludarte! te dejo un fuerte abrazo!
Xiâo Mäo ha dicho que…
Mi Xûe: Hola
María Pérez ha dicho que…
Me gusta el relato, atrapa, te hace pensar, que lejos y que cerca, que diferentes y que iguales, me gusta.
TORO SALVAJE ha dicho que…
Excelente.
Una delicia.

60 euros nunca tuvieron mejor recompensa.

Besos.
Alf. ha dicho que…
Entonces es posible que nos encontremos.
Anónimo ha dicho que…
precioso Ico, sigue escribiendo me encanta...

JJS
mjromero ha dicho que…
Hay demasiados mundos en nuestro mundo, el sueño es uno de ellos, inquietante a veces.
Un abrazo.
Esilleviana ha dicho que…
Madre mía!
Qué bien escrito y esto es un relato por encargo? jajaja.

Está genial.
El final es totalmente inesperado (lo sé, éste es el típico comentario), pero todo el relato me ha gustado y el final me ha sorprendido. Al igual que la reflexión sobre el soñador que sueña lo imposible y la del despierto que se aferra y sujeta a lo real y existente. Sin esta dualidad no podríamos vivir, al menos yo. Me complace mi vida imaginaria y no solo por evasión, sino también por alimentar y nutrir mi vida cotidiana, la necesito para subsistir jajaja.

Me gustó muchísimo, de veras. Escribes con tanta sentatez, que es muy entretenido leerte.

Un abrazo Profesora.
Ricardo Miñana ha dicho que…
Interesante y profundo post,
es un grato placer pasar por tu casa
que disfrutes el fin de semana.
un abrazo.
yum ha dicho que…
Lo primero...Gracias por compartirlo. Excelente relato.Negro...blanco, fuego...hielo, luz...oscuridad, masculino...femenino,soñador y despierto, yin y yan. Eterna dualidad que nos confronta y que nos completa ya que la suma de todo somos nosotros mismos. Lo que sueña el soñador es lo que el despierto no se atreve a imaginar...
40añera ha dicho que…
Que te puedo decir Ico que no te haya dicho antes, ¡magistral cielo!
Un besote
Laiseca Estévez ha dicho que…
Bonito viaje estival...
un déjàvu tal vez?...
de cualquier manera hermoso sin duda. Un beso Ico
a punto de ha dicho que…
buena historia! el soñador que sueña que está soñando...nunca se sabe en cual de los dos mundos estamos..ni con quien estamos conectados.
besos