Ecos de sociedad


Alicia mira de nuevo el reloj. La ejecutiva regional para elegir delegados para el próximo congreso en Madrid se demora más de la cuenta. El delegado de Comunidad aporta en esos momentos sus delegados a la lista. De nuevo sólo hombres, se va a armar, se dice Alicia, hoy no embarcamos. Con el codo le da a su compañero que escribía mensajes sin parar.
- Van tres delegaciones y no han nombrado a ninguna mujer. De vergüenza.
Su compañero de Servicios Públicos se alza de hombros y sigue escribiendo un nuevo mensaje. El salón de actos esta casi al completo. La gran mayoría son hombres; mujeres justo el 20% necesario para que se desarrolle el congreso. En el escenario la mesa de la ejecutiva parece tan adormecida como el resto de los participantes. Tiene posesión de la palabra el compañero de la federación de transportes públicos.
-Tengo que salir a llamar un minuto- le dice Alicia a su compañero.
El hombre asintesin levantar la cabeza del móvil. La mujer atraviesa los asientos rojos de salón de actos y empuja la puerta de la aseguradora que les ha cedido el local. Recorre los pasillos y sale a la zona de fumadores. Abre el bolso con ansiedad y saca a la misma vez el paquete de cigarrillos y el móvil. Le duelen los pies. Marca un número a la vez que enciende el cigarrillo.
- Carlos soy yo.
- Ah.- la voz detrás al otro lado del teléfono suena adormilada
- ¿Ya comieron?
- Sí- responde desganado.
- ¿Viste las albóndigas en la nevera?
- Sí- responde
- Vale. Déjale algunas a tu hermana, no te las vayas a comer todas.
- Sí- pesada- ¿Cuándo vas a venir?
- No lo sé Carlos, tengo el pasaje para las siete, pero si esto se atrasa tendré que cambiarlo. Ya te llamo.
- Hoy tengo que pagar el gimnasio
- Mira a ver… en la mesita de noche me parece que había veinte euros… cógelos.
La mujer se despide de su hijo y corta. Apaga el cigarrillo y se encamina de nuevo al salón de actos. Nada más entrar se pregunta de nuevo qué hace allí perdiendo el tiempo. El reparto de delegados continúa. Su compañero sigue sin levantar la cabeza del móvil.
-Seguro que no es a tu mujer- le dice Alicia, clara y directa como una bala.
El hombre la mira, sonríe, con una sonrisa estúpida.
- Es una amiga de Madrid.
Alicia no responde. Siente el estómago protestar porque desayunó demasiado pronto para coger el avión a las siete. Le toca el turno a la Comunidad Autónoma. De nuevo un listado solo de hombres.
- Oye, oye que estamos solo nombrando a hombres… acuérdense de la paridad- dice la secretaria desde la mesa de la Ejecutiva Regional.
Murmullo de voces. Menos mal, se dice Alicia. El representante de la Comunidad Autónoma que tiene la palabra protesta.
- A ver, que nosotros ya aportamos en el congreso pasado… que cedan ahora otras delegaciones que no lo han hecho.
El representante de la administración local de Galdar, a quien le toca el turno, se siente aludido.
- Nosotros no tenemos a nadie en lista -protesta.
Algunas voces se levantan para profetar. Cada delegación se siente aludida. Se arma la bronca. Todos hablan a la vez y ya nadie respeta el turno de palabra. Nadie quiere dejar de ir a Madrid. Una voz de mujer, la representante de residuos sólidos, alza la voz y pide que se respete la ley y el turno de palabras. El representante de Correos levanta la mano tímidamente. La mesa pide calma. Alicia se enciende y está a punto de estallar.
- Parece mentira- grita airada.- mejor les diera vergüenza. Un sindicato de izquierdas y todavía seguimos perdiendo el tiempo en esto.
El corazón se le acelera. De pronto se hace un silencio que acalla los murmullos.
- Nos tratan a las mujeres como basura- continua Alicia- ¿Que se puede esperar de ustedes? ¿Qué se puede esperar, si ni siquiera ustedes respetan la ley? Alicia mira a las gradas con desprecio- ¿Y ustedes son los representantes de los trabajadores y trabajadoras? Siento vergüenza ajena.
La mesa pide calma Hay que cerrar las listas en menos de una hora. La compañera tiene razón. Hay que llegar a un consenso. Alicia se desploma agotada en el asiento, el pulso temblándole, a punto de salir de allí para siempre. Su compañero la mira, asustado.
- Oye, a mi no me dejarás sin ir a Madrid, ¿no?

Comentarios

Isabel ha dicho que…
Pues si creemos que esta situacion se va a arreglar algun dia, lo llevamos claro. Siguen creyendo que solo servimos para lo que tu ya sabes. Un beso
Anónimo ha dicho que…
Pura realidad... Aliss
farala 68 ha dicho que…
ay dime que no es verdad, dime que no está basado en un echo real, dímelo!! 8tristemente, llevo suficientemente tiempo en este mucdo como para saber que si lo es)
Ico ha dicho que…
Querida Farala le pasó a mi querida amiga Alise, tan real como la vida misma... para que luego no digan que la vida no supera a la literatura
Carina Felice ha dicho que…
ah claro....eso aqui en latinoamerica, no sucede....AJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAAJAJ!!!!! OH MY GOD!!!!
admiro tu don de relatos, querida Ico...y como logras que siempre en algun punto me vea reflejada, como persona o como parte de una sociedad.
Pues que te abrazo fuerte, amiga. Beso.
Isidora Rufete ha dicho que…
Hay cosas que nunca cambian..verdad, Aliss?por mucho que algunas se empeñen en intentarlo...Cuando una mujer destaca demasiado en un mundo como ese, al final, como en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, hay alguien que grita ..."Que le cooorten la cabeza"
Anónimo ha dicho que…
Sabes que hago yo Isadora ? en el bolso siempre llevo un par de cabezas de repuesto...cuesta pegarla pero siempre acaba encajando.

Saludos Aliss