Amor sereno amor maduro



Había sido una semana especialmente dura. Los primeros días de clase, las reuniones por la tarde, las programaciones, la visita de los padres. No deseaba otra cosa sino que llegara el viernes para poder desconectar y permanecer dos días en silencio. Nada de ruidos, nada de nada, más que mi cuerpo flotando en una modorra inconsciente. Abrí la puerta y mi perra me saltó gimiendo como si llevase toda la semana echándome de menos. Al salón llegaba un aroma de gel y de champú. Oí la ducha correr.
Recordé que mi mujer salía hoy con sus compañeros de trabajo. Entré el baño y la encontré desnuda frente al espejo. La besé. Me dirigí al dormitorio y me deshice de la ropa de trabajo. Pensé que una ducha me vendría bien. Cerré los ojos bajo el chorro de agua caliente sintiendo que me deshacía de cada uno de las preocupaciones de la semana. Cuando salí Elisa estaba delante de mi radiante y verdaderamente atractiva.
- Esta muy guapa- le dije.
-¿De verdad?.. – Me dijo mirándome entusiasmada- y ¿Tú qué vas a hacer…?
- Nada- respondí- tumbarme en el sofá, leer, a lo mejor alguna película antigua y acostarme muy temprano…estoy muerta…
Y era cierto. Elisa se pinto la raya, se puso rimel en los ojos, se rodeó de perfumé y se miró satisfecha en el espejo.
- No sé cuando vendré…- me gritó desde el baño. Yo estaba ya en la cocina.
- Pásalo bien…- le dije- sirviéndome una copa de vino.
- Tómate la pastilla antes de acostarte.
-Sí.
- Me llevo tu coche.
Me quedé a solas. Empezaba a anochecer, la luna empezaba a distinguirse a través de los ventanales. Pensé por un momento poner música y comenzar el último libro de Bolaños. Pero sólo tuve energía para servirme otra copa. El vino hizo su efecto y comencé a relajarme, mi cuerpo se fue fundiendo poco a poco con el sofá formando un solo cuerpo.
Creo que por un momento cerré los ojos o quizá soñé porque mis alumnos como un enjambre de abejas vinieron hacía mi. Eran un pequeño ejército de liliputienses que ascendían escalando por mis píes . Ví la cara de Jafet, de Manolo, de Sheila, de Abel, de Abderahman, acercándose a mí, expectantes, hambrientos de saber…abrí los ojos.
Esa mañana había estado en secretaría recogiendo datos de las matriculas, las firmas de los padres para la autorización de salida previa del centro. La administrativa estaba frente a mi, llevaba muchos años en el instituto y era del pueblo, por lo que conocía a cada uno de los chicos mejor que yo. A veces, en voz alta y para entablar algo de comunicación comentaba algo sobre alguno de los chicos.
- Esta niña que chillona es, dios mío, me vuelve loca- le dije.
- ¿Quién?
- Dalila….- respondí.- Me quedé en silencio, paralizada sin saber qué decir.
Entre la matrícula había una nota de la madre informando de que su hija iba a operarse de una grave perdida de audición. Mierda. Me incorporé del sofá, será mejor que haga algo me dije, pero mi cuerpo seguía inerte, sin capacidad ni voluntad. Así que lo único que fui capaz de hacer fue darle al mando de la televisión. Era una película de acción, los ruidos de disparos despertaron a la perra que roncaba a mis pies. Bajé el volumen. La vida no es justa le había dicho esa mañana a Zalacaín. Me miraba con sus enormes ojos blancos y su cara de niño en aquél cuerpo de hombre negro.
-¿Pero por qué nadie me vota? Yo quiero ser embajador, repetía.
- Bueno, tienes mi voto- le dije- pero no creo que sirva de mucho. Lo siento.
En la pizarra sólo tres marcas, tres votos para él. Pensé en su mirada desafiante, esa que había aprendido en las calles de Cali, y en aquella mirada suplicante que me pedía ayuda ahora. Quizá si la clase conociese que él vio como mataban a su madre de un disparo en las calles de Colombia y que estaba amenazado de muerte, le habrían votado como embajador de la clase. Pero esas cosas no se dicen. Zalacaín volvió a su asiento con la cabeza gacha, con su cuerpo de negro demasiado grande para su edad.
Me había desvelado. Iban a ser las once mi mujer debía andar bailando por ahí. Recordé esa situación hace veinte años. Pensé que el tiempo tiene sus ventajas. En esa época estaría muerta de celos o preguntándome si acaso no me quería, ahora tan solo disfrutaba de una noche tranquila con mis fantasmas.
La luna brillaba amarilla sobre los tejados de las casas. Me preparé algo de cena, me tomé la pastilla y me quedé dormida en el sofá. Amanecía cuando sentí la puerta. Era Elisa con cara exhausta sonriéndome desde la puerta.
- Buenos días ¿Qué hora es? – le digo.
- Las siete van a ser- rió tontamente. Estaba alegre.
- Me quedé dormida en el sofá, voy a hacer un café, ¿Quieres desayunar o te vas a la cama?
- Me tomo algo contigo.
- ¿Qué tal lo has pasado?
- Genial…. Y tú ¿Has escrito algo?
- No. Nada.
Elisa me contó a grandes rasgos la noche de fiesta, yo la escuché con la radio muy baja. Me pidió que la acompañara a la cama hasta que se quedara dormida. Comenzó a hablarme de la gente del trabajo para luego acabar hablando de Juan, un paciente con cáncer terminal de garganta. Le dije que no dejara de fumar que no se iba a curar. No podía engañarlo, me dijo entre susurros. Hiciste bien, le dije, es lo único que le quedaba.
- Ya, él me dijo que lo tenía claro, que no iba a dejar de hacerlo.
Su voz se fue deshilvanando como un silbido que se apaga. Se quedó dormida. Cerré la puerta con cuidado y comencé a escribir.

Comentarios

Ico ha dicho que…
Me he dado cuenta de que el tablón para colgar los títulos de los relatos por encargo no funciona.. si quieren dejar alguno haganlo aquí en los comentarios...gracias y saludos
Candela ha dicho que…
Ico, un 10 para este relato. Si se trataba de hablar de amor sereno, amor maduro, el retrato lo dibuja tan perfecto que se toca. Precioso.
Beelzenef ha dicho que…
Tranquilidad, calma, paz... Me gustó aquello de una modorra incosciente. Todos la necesitamos para poder seguir adelante
TARA ha dicho que…
Que estado mas perfecto.... Genial el relato.

Te voy a dejar un titulo porque llevo tiempo intentándolo en el tablón y me salía un error pensaba que era mi PC pero veo que no. Ico mejor te lo envío por email, porque me gustaría adjuntar una fotografía.

Besos
Anónimo ha dicho que…
¡que de verdad tiene que el amor maduro permite vivir el diario con total tranquilidad, o con la serenidad que eso supone. Bstos
yo misma ha dicho que…
Esa es la meta..enhorabuena..por todo.Un placer leerte.
Glora ha dicho que…
Una relación como esa quiero para mí!
Me ha impresionado la parte del relato en la que recuerdas detalles de la vida del alumnado. Puedo dejar cualquier tema en el instituto, pero sus problemas personales me persiguen hasta mi casa...
Un beso.
María ha dicho que…
(Después de veinte años)

Está muy guapa-le dije.
¿De verdad?- me miró entusiasmada.

Esto sí es felicidad y amor, con mayúsculas.
pecado ha dicho que…
Es lo que tiene la edad o el paso del tiempo nos enseña a construir relaciones de confianza y amistad.Y a las que fuimos muy pasionales e inquietas estas relaciones son un balsamo de equilibrio.
Leyendote semanalmente te podria decir aquella frase de Silvio "te conozco desde siempre, desde niña".
Te lanzo un titulo para relatos por encargo.
" Vida y otras cuestiones, acaso mi vicio más viejo y reciente..."
Belén ha dicho que…
La verdad es que hay días que nuestro cerebro, aún cansado, funciona a mil por hora!

Besicos
Pena Mexicana ha dicho que…
personalmente me siento afortunada de haber llegado a la edad del amor maduro :)
muchacha en la ventana ha dicho que…
Ayyy....que dureza de semana....los viernes se crearon para eso descansar. Disfrutar de un libro o de tus relatos, preciosoooo.

algo me pasa con tu blog, que hay veces que lo puedo abrir y otras no, o sino se abren chorrocientas mil ventanas, no sé que será (ya he pasado el antivirus y tó).

y sobre el amor joven??un abrazo
Ico ha dicho que…
Pecado,gracias por poner un título ...
Muchacha en la ventana miraré a ver qué pasa... si quieres que escriba sobre el amor joven .. deja un título. Saludos
dintel ha dicho que…
Vaya... cuánto que no dices...
Ico ha dicho que…
Dintel como dijo Larra lo que no puede decirse no se dice....
Frabisa ha dicho que…
El amor maduro es el premio para el largo camino del entendimiento. Un estado DELICIOSO si las palabras lo salpican con el calor del primer día.

un beso
Pepa González ha dicho que…
Duro pero sutil. Por un momento he visto al chiquillo en la calle, contemplando el asesinato de su madre y he sentido su dolor y la pena honda, tu cansancio, la necesidad de soledad, la paz de ese hogar y el sentimiento adulto de amor marital, sin las estridencias propias de la juventud - de la veintena. Una tarde en tu pellejo. Magnífico post. Sigo leyendo. :o)