Tú no te ibas



- Enciende la tres, date prisa.- dice la voz nerviosa detrás del hilo telefónico.

- Pero de qué…

- La tele… la tres..- dijo la voz seguida de una estruendosa risa- Venga deprisa pon la tres.

Estaba adormilada en mi sofá, había tenido un día especialmente agitado, una noche muy corta y me había quedado sopa en el sofá. Alcancé el mando de la tele de la mesa de salón incorporarme a la vez …

- no me jodas…- no podía dar crédito a lo que estaba viendo en la televisión.

- Sí..si…- más risas nerviosas…- yo tampoco me lo podía creer.

Y es que una manada de periodistas perseguía, micrófono y cámara en mano al flamante y recién elegido Consejero de Educación del Gobierno autonómico Pedro Jimeno, nuestro Pedro.

- Era previsible…- le dije sin poder apartar la vista del aparato.

- Capullo…hijo de la gran- susurró con un deje de rabia antigua en su voz.

- Es el perfecto político…

El periodista, voz en off, elogiaba los méritos del consejero y de su rápida ascensión al poder, mientras nuestro Pedro sonreía a la cámara encantado de haberse conocido. El periodista, haciendo una retrospectiva del nuevo consejero, desgranaba el oscurantismo que había rodeado la fulminante destitución del anterior a causa de unos presuntos pagos de comisiones ilegales. Si alguien había destapado todo aquello, pensé de inmediato, fue el mismísimo Pedro, pues a nadie más que a él, siguiente en las listas del partido, beneficiaba aquello. En esta hipótesis parecían aludir sin entrar en mayores la l crónica del periodista.

Laura estaba de acuerdo conmigo, si alguien podía haber tramado todo eso, ése era Pedro Jimeno. Y si por algo lo decíamos era porque teníamos una más que justificada ventaja sobre el periodista: Conocíamos perfectamente al Consejero. Yo había estado casada con él diez años y mi amiga había sido su amante durante diez meses.

Aún hoy me pregunto cómo pude casarme con el ser más egoísta que se puede encontrar en la faz de la tierra y sólo puedo encontrar una respuesta sensata: era joven y estúpida. Porque Pedro, y a esta conclusión llegué pocos meses después de casados, era dos hombres; el magnífico comunicador, encantador de serpientes, diplomático y atento cara al exterior y otro, el auténtico, el ególatra desalmado, materialista e incapaz de ningún sentimiento más allá de su propia persona.

Pero esto sólo los podías saber si convives o estas muy cerca de él, y si, una vez fuera de sus redes, (se resisten, siempre se resisten a soltar la presa que siente como una posesión suya) aún te quedan fuerzas para analizar y comprobar que cada movimiento suyo no ha sido más que un entramado de estrategias, mentiras y artimañas para conseguir su único objetivo: ensalzar su ego vanidoso y trepar hasta las más altas cuotas de poder.

Triste pero cierto, sobre todo cuando lo vives en tus carnes. Par estos seres, ansiosos por llenar a toda costa su gran vacío existencial por medio materiales, la conquista emocional es solo una meta más, que se acaba y pierde interés, con la obtención de la pieza misma. En cambio, si la oportunidad se cruce en su camino es muy probable que su próxima batalla sea la política, donde siempre hay un escalón más que ascender para un trepa profesional como él.

Por esta razón, a ninguna de las dos nos extrañaba verlo allí, sonriente delante de las cámaras, victorioso una vez más. Se me revolvía las tripas, cómo podía haberme casado con aquél espécimen. Bueno, sí lo sabía, estaba, enamorada y ciega, él en cambio fue tan sólo detrás del dinero de mis padres y de la posición que le sirvió de balanza para llegar a los círculos de poder a los que tanto aspiraba.

Todo esto no lo vi, claro está, hasta mucho tiempo después cuando descubrí con pesar quién era el Pedro real, ése que se levantaba cada mañana malhumorado, el que descalificaba cada uno de mis actos, el que celaba de todos mis amigos, el que controlaba cada movimiento que hacía y demandaba placer sin tener en cuenta el mío.

Algunos de ustedes se preguntarán por qué tardé tanto en separarme, pero la respuesta la encontrarán en un par de líneas hacia atrás. Sencillamente no quería, desde el primer año, cuando supe que el nunca cambiaría, le pedí la separación, pero él no estaba dispuesto a abandonar el chalet ni el nivel de vida que llevaba gracias a mi familia. Intentó reconquistarme por todos los medios, era su modus operandi.

Recaí en distintos periodos, volvía a creer de nuevo en sus palabras, pensaba que en esta aquella ocasión, era sincero, pero debí saber que la sinceridad no se encontraba entre sus pocos atributos. De nuevo pedí el divorcio, pero tan solo esta vez fue sincero, no pensaba dejarme, yo, a mi pesar, era una buena baza donde apoyarse para lograr sus objetivos.

Entonces lo dejé por imposible, hice como pude mi vida, la casa era lo suficientemente grande para no vernos si queríamos, el comenzó, rechazado por mí y aún conmigo, a tener su amantes. Una de ellas se convirtió poco después en mi mejor amiga.

Fue Pedro, jefe de personal en aquella época de la Consejería, quien me llamó al instituto para decírmelo

- Va a ir a trabajar contigo una amiga mía, no te atrevas a decirle nada malo mío- fue áspero saludo. Así era él cuando nadie lo escuchaba y se dirigía a mí.

- ¿Conmigo donde? – pregunté extrañada.

- En tu departamento, es la profesora sustituta de lengua.

Nada más colgar pensé en qué querría obtener Pedro de ella. Cuando la vi lo supe de inmediato, era joven, alegre, inteligente, Pedro ya rondaba los cincuenta, una mujer así alimentaría su ego y exaltaría su vanidad, probablemente de capa caída.

Desde aquél día empecé a sentir una terrible pena por mi compañera de seminario. La veía en el despacho entre clases y clase, sin apenas mirarme, y cuando lo hacía era con una voz vacilante y gesto atolondrado. Podía haberla advertido, pero quien aprende en piel ajena. Me dije, no voy a meterme, qué cada uno se las componga, que aprenda por ella misma. No es mi amiga, voy a parecer la ex despechada. Al carajo.

Y eso hice, mirar para otro lado, dejarla que se las compusiera sola. Ambas sabíamos quien era cada cual y, en el fondo, evitábamos encontrarnos. Sin embargo no podía evitar tropezarme con ella cada día y verla en cada ocasión más apagada, más empequeñecida y triste.

Un día estando de guardia en el pasillo oí un tumulto en una clase. Pensé que los alumnos habían aprovechado alguna salida del profesor para organizar la fiesta, cuando entré unos alumnos gritaban y jugaban al fondo del aula, mientras otros tantos, rodeaban la mesa del profesor. Un silencio sospechoso se hizo cuando entré. Cuando miré hacia lo que rodeaban los alumnos vi a Laura, en la silla del profesor cubriéndose la cara con las manos y llorando.

Ordené que se sentasen, les mandé la primera tarea que se me ocurrió y me llevé a rastras a una Laura desfallecida y llorosa al despacho.

- no puedo más, no puedo más…- dijo derrumbándose en la mesa repleta de libros de textos y cuadernos.

- ¿Pero qué te pasa mujer?- Le pregunté, temiendo la respuesta.

- Pedro, su ex…- dijo mirándome para saber mi reacción. Mi gesto fue lo suficientemente elocuente y desató en ella un torrente de lágrimas y unas enormes ganas de confesarse- no sé qué hacer… le he dicho ya tres veces que lo dejamos, pero no quiere….

Qué podía hacer, estaba delante de mí misma hacía ya algunos años. Todo lo que le dijera ya lo había intentado yo antes. Aún así insistí para animarla.

- ¿Pero has hablado con él?- le dije.

- No hago otra cosa durante días. Al principio cuando le dije que se fuera de mi apartamento, que necesitaba espacio cogió la maleta y se fue- conocía la escena, melodrama, gesto humillado y vuelta a casa al oscurecer como si no hubiese pasado nada.- pero volvió a la noche.. como si nada hubiese pasado.

- ¿Pero te has ido a vivir con él?- dije sin poder creérmelo. Yo había tardado diez años en conseguir que se fuera de mi casa.

- Bueno, él conmigo.- respondió- yo no sabia cómo era…

- Bueno mujer, yo tampoco sabía nada cuando lo conocí- le dije, dispuesta a solidarizarme con ella, contar mi versión. Pero ella quería hablar, contar todo aquello que le parecía imposible de vivir y que estaba, sin embargo, viviendo.

- Cuando vuelve lo hace como si nada pasase, más zalamero y encantador que nunca, preguntándome si no lo quiero, pero luego vuelve de nuevo a ser el de siempre.

- Ya..ya.. qué me vas a contar a mí- respondí.

- No sé qué hacer, estoy agobiada, ya no duermo… no me concentro en las clases, todo me va mal, y él controlándome cada paso, llamándome a todas horas….-Ya no la escuchaba, me sentía en parte culpable. Mi reacción no se hizo esperar.

Entonces hablé con la jefa de estudios, Laura no podía dar clase ese día, yo cubriría alguna de sus horas. Le pedí que se fuera, que se relajara, le entregué las llaves de mi casa, le dije que hiciera unos largos en la piscina y que nos veríamos al mediodía.

En mi cabeza rondaba un plan. Cuando llegué encontré a una Laura más relajada, con los ojos aún hinchados por el llanto tendida en la tumbona del jardín. Le conté mi estrategia, le pareció arriesgado, casi increíble, pero perfecto.

Fui la encargada, la que tenía los nervios más de acero, de llamar a Pedro Jimeno, en ningún momento lo dejé hablar. .

- Oye Pedro, cariño, siento decirte esto por teléfono, no sé como hacerlo, pero ha surgido sin más y prefiero decírtelo yo antes de que te enteres por otros, ya sabes como es la gente… Laura y yo nos hemos enamorado. Parece increíble, ¿verdad? Pero nos amamos, surgió así, sin más, espero que lo entiendas, va a vivir conmigo unos días hasta que tu cojas tus cosas, ella no ha tenido el valor de decírtelo, pero ya sabes como son estas cosas, pasan sin más

Comentarios

dintel ha dicho que…
Sólo paso por aquí a saludar. La súper lectura del post la dejo para otro momento.
adriana rey ha dicho que…
Escpectacular! me encantó este relato Ico! y un plan excelente! Felicitaciones y saludos!
Pena Mexicana ha dicho que…
Muy bueno, el Pedro es calcado al exmarido de una amiga. La pena es que ella no tuvo tanta suerte y salió de la relación sin esa amiga y con la autoestima hecha pomada. Espero que algún día se recupere.
Tantaria ha dicho que…
¡Buen final!¡Qué prolífica eres Ico!Tienes una capacidad asombrosa para inventar y escribir historias.
Ico ha dicho que…
Mi prolijidad, Tantaria acabó con este relato, empezaron las clases y con ella mi creatividad.. ¨:(
Beelzenef ha dicho que…
Es triste ver como la gente se empeña en malograr la vida ajena, con lo fácil que resulta vivir en paz con la humanidad y uno mismo.

Maravillado con la lectura de este relato, y fascinado con la lectura de tantos otros. Si el tiempo me es propicio, podré beber más de tus historias.

Un abrazo
Belén ha dicho que…
Hija, que buena descripción del personaje...

Besicos
Ico ha dicho que…
Beelzenf bienvenido.. maravillada me he quedado yo que tú con sólo dieciseis añitos escribas esos fantásticos relatos tan bien escritos..
sparkling ha dicho que…
Pues yo me creí que era autobiográfico... :(

Pero me alegro del error.

Besos y burbujas