Olvido motivado



Baja la escalera con aprensión. Apoya la mano en la pared fría y enciende el interruptor. Una tibia luz ilumina los escalones. Maldice a su madre por no haber previsto la cantidad de vino necesaria para la cena. La puerta cruje. Siente como palpitaba su corazón de repente. Enciende una luz a su derecha. El desván está lleno de antiguos muebles que su madre se ha resistido a tirar a lo largo del tiempo. Una vieja mecedora, un aparador desvencijado, una oxidada batería, un tocadiscos, cajas apiladas, libros de textos, un armario lacado de caoba y una repisa donde se apoyaban los vinos. No le gustaba aquél lugar, una sensación de ahogo y malestar la inundaba cada vez que entra allí. Solo acude cuando su madre, como en aquella ocasión, le pide que baje por alguna estúpida razón como aquella. Porqué no deja los vinos arriba sino puede subir escaleras. Entonces piensa que su hermano había transportado las cajas de vino hasta allí solo para fastidiarla. Típico de él, enrabietarla. Extrae dos botellas de Vega Sauce de la repisa y mira sin querer mirarlo el aparador.

Es una mirada rápida de un miedo absurdo y antiguo. Es un viejo mueble de dos pequeños cajones en la parte de arriba y dos grandes en la de abajo. En la parte superior acaba en un espejo desgastado en forma de concha. Lo mira como al descuido y con recelo, pero es demasiado tarde, la imagen de ella misma de pequeña se adueña de pronto de ella. Es siempre la misma, su rostro constreñido en lágrimas sobre el aparador. No sabe cómo ha llegado allí, pues demasiado pequeña para escalar su base. En ocasiones, sin saber porqué acude a su mente esa imagen de sí misma, a la que no puede dar sentido ni forma, pero que sin saber porqué, sabe que ha conformado su forma de ser para siempre.

Atrapa las botellas con rapidez y sube los escalones de dos en dos. Encuentra a su madre saliendo de la cocina con una bandeja de gambas.

-¿Encontraste las botellas?- le pregunta alegre.

-Sí. ¿Por qué te empeñas en ponerlas abajo sino puedes bajar?

-Se conservan más frescas. Siéntate que todavía queda comida.

Se sienta malhumorada en la mesa, sin saber bien porqué. Su hermano, que oye la conversación y sabe de su miedo la mira, malicioso, mientras descorcha una botella de vino, ya está borracho. Frente de ella su cuñada reprende a los niños que juegan con la comida. A su izquierda, la abuela silenciosa moja trozos de pan en la sopa.

- A ver que nos van a dar las campanadas y nosotros aún cenando. – dice la madre sentándose.

- Es que no sé por qué hay necesidad de tanta comida.- comenta.

- Es una noche especial hija- responde la madre que llena la copa.

- Qué tiene de especial que pasemos de un día a otro, de un año a otro, si todos los años serán iguales y cada vez más viejos. – responde. La cuñada la miró como quien comete un sacrilegio.

- Eso hermanita tendrás que darte prisa porque cada vez eres más vieja- dice el hermano desde el extremo de la mesa, señalando con la mirada a los dos críos que se afanaban en pelar las gambas.

- No gracias, eso te lo dejo para ti, contigo ya está asegurada la especie.

- Los hijos dan muchas alegrías- dice la madre en un tono festivo- y pena y mucho trabajo para sacarlos adelante- añade.

- ¿No estás saliendo con nadie? – pregunta la cuñada como quien pregunta ¿Sabes que comenzó las rebajas ya?

- No. no tengo tiempo de eso.

- La señorita ejecutiva no tiene tiempo para el amor. Brindemos por eso- grita el hermano y al levantarse la botella se tambalea un instante.

- ¿te vas a quedar siempre soltera tía?- le dice el niño mirándola de frente.

La madre mira al crío como quien celebra una ocurrencia. El hermano sirve copas para todo el mundo. La madre regresa a la cocina rehusando su ayuda.

- ¿y tu novio donde está?- pregunta la abuela.

- Este año no hay novio abuela.

Todos ríen. El mayor de los niños retira del viejo tocadiscos los villancicos y pone un cd de música. El hermano saca a bailar a su mujer que se resiste encantada. Los niños salen a bailar con botellas de refrescos imitando a su padre borracho. La abuela dormita. Ella se alegra de no ser el centro de la conversación. Su madre llama a su cuñada para que le ayude a trinchar el pavo. Su hermano la levanta de la mesa y la fuerza a bailar. Se pega demasiado a ella. Está borracho y huele a sudor. Siente su pene duró frotarse contra ella.

- yo sé porqué no te has casado aún,.. no has encontrado a nadie que te lo haga como yo en el aparador.

Comentarios

dintel ha dicho que…
Vaya con el aparador!!!
farala ha dicho que…
joder, vaya con el hermano...
me ha recordado los abusos que sufrió virginia woolf, desde los 6 años por parte de sus hermanatros. La primera ocasión (cuenta en sketch of the past) a colocaron en un mueble con espejo y procedieron a a romperle el himen, dolorosa operación "breaking the hymen--a painful operation" (Woolf, Letters 6:3678).
josdeputa

(no te he dicho: precioso texto, as usual)
Anónimo ha dicho que…
Que h...p. Y encima risitas!
Nefer
Danae ha dicho que…
Es eso...a mí también me pasa lo del aparador!!!
TARA ha dicho que…
Cuantas habra que tienen algun "olvido motivado".....
Candela Cano ha dicho que…
Después del aparador, la amnesia selectiva para reparar olvidando. Pero qué mamón, que lo trajo al campo consciente otra vez.
Anónimo ha dicho que…
El texto es buenísimo. Merecedor de mejor ortografía:

"Porqué" sólo se escribe junto y con acento cuando lleva artículo: "El porqué de este comportamiento".

Se escribe separado y con acento en las interrogaciones, directas e indirectas: "No sé por qué ha hecho eso".

Se escribe todo junto y sin acento cuando sirve para explicar: "Lo hizo porque quiso".

No hay que confundir la conjunción adversativa "sino" (no vino él sino su hermana), con el condicional "si no" (si no lo haces me enfadaré).

Un abrazo.
Ico ha dicho que…
No se puede ser a la vez un artista y un copista.. de ahí el poco interés por la ortografía.. ja.ja.