Lady Eatwood



Mr Eatwood subió la ladera jadeando. Había comenzado a refrescar, pero el calor aún quedaba en la tierra y ascendía lentamente del suelo a sus polainas. Resoplando, sofocado, por la continua pendiente, deteniéndose cada momento para secarse el sudor con una chalina parda, avanza lentamente. El molinero lo espera en la puerta con una jarra de vino. Lo había visto venir desde lo alto de la colina, por lo que se apresuró a disponer de la mesa como mejor pudo y bajar a la bodega a por el vino. Eran ya mucho el tiempo que aquella amistad duraba. Mientras lo miraba ascender fatigosamente pensaba cuántos años eran ya, pero no pudo recordar, no era bueno para eso. A su cabeza, sin embargo le vino el momento exacto en que lo vio por primera vez siendo niño aún, antes de que el señor Eatwood quedara huérfano. Fue su pasión por el olor del maíz y del trigo triturado que descendía hasta la aldea lo que aficionó al muchacho a pasar largas tardes con el molinero, quien se convirtió así en su consejero y tutor y luego en amigo.

Cuando el joven Eatwood se trasladó a la ciudad para comenzar sus estudios, las visitas, como era lógico, se espaciaron. Sin embargo, el joven, de carácter atento y de natural afable, siempre guardaba un grato recuerdo de su amigo, a quien nunca dejaba de enviar, al menos una vez al mes, alguna afectuosa carta.

La consideración que sentía el joven por el molinero era tal que no se atrevía a realizar un asunto de importancia sin valorar antes su opinión y consejo. A él acudió una vez conoció a la joven con la que posteriormente se casaría y cuando, finalmente, se instaló para abrir despacho en la ciudad.

El molinero, que no necesitaba verlo para saber que una sombra de preocupación se abatía sobre el joven, lo recibió con los brazos abiertos. Se saludaron como si solo hubiese pasado un día desde su última despedida y se sentaron en la mesa donde el viejo molinero había dispuesto las mejores viandas, sin más ceremonias comenzaron a beber y comer con gran apetito. Hablaron de todo, sobre todo el joven Eatwood, pues el molinero sabía, que como el cabrero lleva el ganado, la conversación marcharía sin prisas, cercando el tema hasta llegar al motivo que le había llevado hasta allí. Fue después de saciada su sed y apetito cuando habló de ello.

- Lady Eatwood es una mujer maravillosa- comenzó- dispuesta y enérgica, gobierna la casa sin necesidad de una sola criada, aunque la tiene. - El molinero asiente, atento a las palabras del joven. - Es la mejor administradora de la hacienda. Además es muy apasionada…

El joven calló, refrenado por una sombra

- Vamos, vamos, ¿Quizá en exceso?- le sonríe malicioso el molinero, guiñándole un ojo.

- Oh.. no.. no.. nada de eso- respondió el muchacho azorado- En ese particular,… yo creo estar a la altura- dice alegre- Es solo que…no sé cómo decirlo…

- Pues, haciéndolo, muchacho que tienes más letras que yo y mejor conversa. .- responde alegre el molinero.

- Es que yo pensé…- el muchacho baja la voz como si en este aspecto residiera el conflicto- que las mujeres... en fin, como usted ha estado casado, quería saber…

El molinero sonríe deseoso de conocer el dilema que tanto preocupa al amigo.

- Uhmm.. ¿quien conoce a las mujeres…?- responde.

- Bueno, a fin de cuentas, usted es como un padre para mí, con quien mejor podría hablar de esto.- Mister Eatwood como se bebe de un sorbo el contenido del vaso- La cuestión es que hay un aspecto de nuestras relaciones maritales que me preocupa, quisiera…- carraspeó- quisiera saber si es que todas las mujeres reaccionan igual que la mía en el momento del acto…Vera, como le he dicho es apasionada en exceso, pero no es tierna… en fin era esto.

- Parece una muchacha muy tierna- responde el molinero pasándose repetidas veces la mano por la barbilla y un tanto atónito, pues no llega a comprender el motivo de la preocupación.

- En fin… que yo tengo ciertas predilecciones…que… bueno…..A mi me gustaría que en esos momentos hubiese más caricias, más besos, más delicadeza…

- Y no la hay.- afirma el molinero tratando de seguir el pensamiento del joven.

- No. En absoluto- responde aliviado- Y esto.- dice el joven bajando la voz-sólo se lo podría decir a usted en estas circunstancias y con una jarra y media de vino. …como decirlo…se comporta en esos momentos de manera poco femenina.

- No lo parece, al menos- responde el molinero aturdido

- Ah… sí se lo puedo jurar… es en ese momento de intimidad donde realmente quisiera sentir la suavidad que le es propia a su género, o al menos, yo así lo creía... Sentir mayor delicadeza por su parte…espero que me entienda - El muchacho sonríe nervioso.

- Y no lo es...- responde.

- Solo quiere que la monte como una yegua… - dice el joven suspirando..

- Pero.. permíteme amigo una cuestión vital ¿Ella goza?

- Oh. .. si,.. ya lo creo...Estoy completamente seguro de eso - responde el muchacho- Pero es tan directa, tan fría después de saciado el placer. A mí me gustaría que fuese más delicada, que hubiesen más caricias, más besos, mayor dulzura…

- Entiendo… como una yegua…repite el anciano cabizbajo.

- Sí… Y mi pregunta, la que no me deja dormir desde hace cierto tiempo es ¿Acaso se comportan todas las mujeres de igual forma?

Comentarios

pepe pereza ha dicho que…
me ha gustado mucho
TARA ha dicho que…
Me ha sorprendido el relato. Esta bien que plantees la otra opción. Que sean las mujeres las que sexualmente no tengan que ser siempre las sentimentales.... Como en todo, quizas se haya encasillado a la mujer en esa otra situación.
Magah ha dicho que…
Buenísimo relato.
Me parece que los hombres se sorprenden ante este tipo de actitud de las mujeres, a muchos les da miedo, supongo que a otros los pone frente a una exigencia que tal vez crean que no podrán cumplir, habrá también quienes la disfruten. Bien por estos últimos.

Dió para pensarnos, hombres y mujeres.

Saludos

Magah
http://magasinropas.blogspot.com/
without ha dicho que…
Uno de los grandes misterios de la la humanidad ;)

Besos
adriana rey ha dicho que…
Qué bueno Ico! la pregunta del final es un broche de oro para el relato. Excelente! Saludos sshh!
maslama ha dicho que…
gozo y tormento son los ingredientes del amor. Precioso relato

besos,
Carina Felice ha dicho que…
"sisi,, como una yegua" me mato con esa afirmacion...jajajaj!!!
Y daria cualquier cosa por fotografiar al molinero si existiera, pero que lo tengo en la mente de imaginarlo con tu relato. Si lo cruzo, zas! le hago la foto. Advertiselo, Ico.
un abrazo inmenso mi querida...