Esperándote



El muchacho roza en un descuido el pie de la mujer debajo de la mesa, pero lo retira inmediatamente, como si hubiese sufrido una corriente eléctrica. La mujer, le sonríe sin decir nada, consciente del efecto que causa en él. El chico, porque está muy nervioso o para aparentar que no lo está, habla sin cesar. La mujer de gafas negras y labios pintados, asiente, instándole a continuar con pequeñas afirmaciones de cabeza. A veces, sin venir a cuento le hace preguntas extrañas del tipo, cuántos hermanos tienes, acabaste tus estudios, mientras mira el fondo de sus ojos verdes o quizás pardos. El muchacho se queda un momento en blanco, arrobado, y lo piensa un segundo, entre la sorpresa de la pregunta y la emoción de suscitar aquél interés inesperado por parte de una mujer tan hermosa.

La tarde va cayendo lentamente en la ciudad y ha comenzado a levantarse viento. Un remolino se acerca a la plaza y gira sobre si mismo, levantado hojas muertas del pavimento. El camarero que ha permanecido de píe en la puerta observando a la extraña pareja, se precipita a cerrar las sombrillas. El muchacho, que ha pasado una hora frente al espejo, intenta dominar el peinado que el viento le deshace. Todo esta detenido y contenido en esta extraña pareja sentada en una terraza de la plaza. La mirada fija del muchacho. El hombre del gabán gris que pasa. El ruido metálico del cierre de un comercio.

- si quieres vamos ya al hotel –dice la voz de la mujer.

El joven se levanta tan bruscamente que una botella vacía rueda sobre la mesa sin caer ,porque ella se agacha y la detiene en su mano. Todo sucede a la vez, él muchacho que mira el escote. La música que se oye desde un coche, la mujer que arrastra el carro de la compra. El camarero que se detiene para mirar cómo se alejan.

Ella como un calidoscopio congela cada imagen en su memoria, el viento, las hojas de las palmeras agitando el aire, el deseo en la mirada del muchacho, la ráfaga de olor a mar que llega de repente.

Caminan juntos hacía el hotel por aceras estrechas. El recepcionista que la ve llegar recoge la llave del casillero de madera y la saluda. Esto también lo guardar ella.

El muchacho, ausente del remolino de los pensamientos de la mujer, sigue sus pasos en las escaleras, al ritmo marcado por sus caderas. La mano del joven que tiembla se introduce en la cerradura y abre una habitación anónima de hotel. La expresión de su cara muestra admiración y asombro ante lo que ve: el pomo de la puerta, el grifo dorado, la moqueta blanca. Camina sonriendo hacia la nevera que hay junto a la cama. A ella le gustan sus facciones, sus ojos verdes o quizás pardos, el pelo revuelto y su talle alto. Lo mira con un amor que es más universal que humano, trascendiéndolo en un instante..

- Tengo música en el móvil ¿la pongo?

La mujer sonríe con ternura inusitada adivinando en él inseguridades y miedos que ella arrancará de un gesto. Mientras se desvisten, ella va grabando cada una de sus facciones, imaginando conjugaciones posibles de él y ella. El muchacho la prende por la cintura y la besa de inmediato mientras intenta desvestirla. La mujer que, siente su inexperiencia como un don, le dice al oído palabras tranquilizadoras. Acompasa su cuerpo a él y dirige sus movimientos. Todo se sucede muy rápido, sin darle a ella tiempo de aprehender más que el ansia del muchacho que se deshace. Cuando sabe que va a finalizar, rodea con sus piernas su espalda y finge un sonoro orgasmo.

El rostro del muchacho que brilla, sorprendido de la intensidad del instante, se contrae en un rictus amargo.

- lo siento.

-No – dice como si consolara a un niño - ha estado muy bien.

La mujer, que le gusta cantar, tararea una canción mientras le acaricia la frente.

- ¿tienes novia?- le pregunta.

El muchacho afirma. La mujer desnuda anima al joven que reposa en sus pechos a que le diga,y él le cuenta, confiado, acerca de una de ellas. Hablan a media luz durante un rato, hablan y ríen a mandíbula batiente. La mujer que mira la lámpara del techo piensa que no debe reírse tanto porque las convulsiones de su barriga hacen que el semen se vierta y se pierda. Por eso se gira y deja sus pies alzados en la cabecera de la cama, recordando que esta es la postura idónea para facilitar el embarazo.

A los pies de ella, el muchacho la mira sonriente mientras piensa si ella querrá volver a intentarlo

Comentarios

dintel ha dicho que…
Vaya... me ha sorprendido el final. Genial.
alejandra ha dicho que…
El final es muy bueno, inesperado, y la historia genial
pepe pereza ha dicho que…
me ha encantado.
abrazo
TARA ha dicho que…
¿Será el donante altruista o el amante ocasional engañado....?

Muy bueno Ico
Danae ha dicho que…
Oye, éste relato me ha encantado. Desde que te llevo leyendo, mi favorito. Lo que sigo sin saber es dónde poner lo del meme...¿aquí? Lo mío no es la tecnología. ¡¡Besotes!!
muchacha en la ventana ha dicho que…
Me ha encantado tu relato, el final inesperado.
un saludo
Carina Felice ha dicho que…
la verdad......esperaria el capitulo 2 :)
un beso Ico!
Ico ha dicho que…
Danae el "meme" lo tienes que poner en tu blog, recuerda pagina 165, renglón 5. Carina, no hay segunda parte.. deja correr la imaginación..ja...ja
Lena ha dicho que…
Buenas Letras.

Ternura y twist sopresa...!

Me voy con una sonrisa, Ico!

Besote!