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Ese día, lo recuerdo bien, había salido pronto de mi despacho. Era viernes, había tenido una semana agotadora y estaba deseando llegar a mi casa servirme un buen Martini, desnudarme y darme un baño de agua caliente. ¡Qué lejos estaba de todo aquello¡ ¡Qué sencillos placeres esperaba y qué ausente estaba de los extraños acontecimientos que el destino me tenía deparado.
Llegué a mi confortable apartamento, me descalcé como de costumbre y me serví una copa de Martini, mientras escogía del canal clásico una película que visionaría más tarde desde mi confortable sofá. Antes de comentar los extraños sucesos he de decir que soy una mujer austera y de hábitos sencillos. Tengo 39 años, soy fiscal del estado, siempre he vivido entregada a mis ocupaciones laborales que me han ofrecido grandes satisfacciones y gratos emolumentos. Aparte de esto, he tenido varias relaciones emocionales que han tenido su prodigioso inicio y su triste final, encontrándome ahora en un estado de total apatía para las mismas. Mis mayores placeres son el juego de la canasta cada jueves con mis viejas amigas y algún concierto de música clásica los sábados. Disfruto especialmente de la soledad, y siendo mi trabajo en la magistratura de intensas relaciones clientelares y exceso de declamaciones verbales en los tribunales, nada encuentro más gratificante en mis descansos que no ver a nadie y no decir nada.
Me encontraba, como digo, en el momento de verter el agua en la bañera cuando sonó repetidas veces el teléfono. Una voz familiar preguntó por mi nombre, respondí con desgana que era yo. Un silencio se produjo al otro lado del teléfono. Esperé a que el interlocutor dijera a su vez su nombre y el motivo de su llamada, pero no lo hizo. Me impacienté, deseaba fervientemente que acabara aquella, a buen seguro, equivocada llamada, para seguir con mi plan trazado para el día. Pero la voz, cada vez más extrañamente familiar, pronunció estas palabras que me dejaron sin aliento.
- Perdone que la moleste, llevo varios días intentando hablar con usted sin atreverme. Usted no me conoce pero cuando me vea sé que no podrá olvidarme nunca. Por eso le pido que esté preparada para nuestro encuentro. Es preciso que hable con usted con urgencia.
Ante tamaño desatino pensé en colgar presintiendo que alguna loca se había empeñado en gastarme una pesada broma. Pero la mujer, presintiendo mi acción me contuvo con estas enigmáticas palabras.
- Soy tu hermana y aunque nunca me hayas visto, cuando me veas no tendrás duda de ello.
Entonces mi carácter incisivo y áspero, el que guardo para las más arduas acusaciones ante el tribunal salió a relucir, la llamé loca y solté por mi boca toda suerte de despropósitos; pero contrariamente a lo que esperaba, la mujer, adaptando mi propio tono de réplica comenzó a dar datos tan íntimos de mi madre difunta, y de mi padre, que nadie, que no fuese de mi sangre podría saber que comencé en estado cada vez de mayor preocupación a dar crédito a sus palabras.
La mujer, sintiendo mi silencio aprovechó para narrarme, con una voz que identificaba cada vez más con la de mi madre o la mía propia, que vivía en Zurich, pero que había venido expresamente a Madrid para hablar y verme, que estaba llamando desde el portal de mi casa y que por el amor de dios, le diera permiso para subir y hablar conmigo. Aturdida y desconcertada por toda aquella información a la que no sabía si dar crédito, le dí permiso para visitarme. No pasaron dos minutos cuando oí el telefonillo de mi portal. Me bebí el Martini de un trago y me serví con un temblor incontrolado de mis manos el siguiente.
El timbre de mi puerta produjo en mí un espasmo que a punto estuve de derramar el líquido del vaso. Me dirigí a la puerta arrastrando mis pies que flaqueaban. Lo que descubrí cuando abrí la puerta aún no acierto a catalogarlo entre los sentimientos que conozco. Pero entro todos ellos no pude más que identificar un terror oscuro, una profunda consternación de la que, estoy seguro, pocos seres vivientes serían capaces de tolerar. Porque si hubiese visto al mismo demonio no me hubiese estremecido de esa forma. Delante de mí no tenía a otra que a mí misma, con idéntico rostro, igual cuerpo y gemelas facciones. Y esta similitud producía mayor terror, porque nada tenía que ver con la semejanza que da la consanguinidad sino que era exactamente igual a mí misma. La mujer, espejo de mi misma, viendo que desfallecía, me sostuvo por los brazos antes de caer desmayada en la puerta. Cuando recobré la conciencia me encontré en mi sofá acompañada por la desconocida. Abrí y cerré los ojos una y otra vez pensando que era una pesadilla, pero ella seguía ahí, mirándome con mis mismos ojos, refrescándome la frente con mis mismas manos. No podía hablar, cada vez que lo hacía mi doble me hacía callar pues era ella quien debía hablar.
- No te preocupes, esta noche me iré, no me volverás a ver más. Solo que creo que debías saber. Nuestra madre, como no sé si sabrás pertenecía a la secta de los raelianos- negué sin poder apartar los ojos de quien indudablemente era mi hermana- bueno, no te pierdes nada... es una estúpida secta que piensa que los extraterrestres vendrán un día a la tierra, uno de los principios de la secta es la clonación, mamá, como siempre tan pionera, fue una de las primeras mujeres que la llevaron a cabo.
No puedo explicar la turbación que provocaron en mí sus palabras porque viéndola a ella cada vez más idéntica a mí no tuve ninguna duda de la veracidad de sus palabras. Me dijo que era abogada y que a causa de la ilegalidad de la clonación en todos los países debió separarse de mí de pequeña yéndose a vivir con mi padre ,una vez se separaron. Estaba casada y tenía dos hijos, me dijo sus nombres, me enseño sus fotos. En el torbellino de sentimientos que nacían nuevos en mí, que nunca tuve hermana y nunca pensé tenerla, hablamos sin cesar durante horas, descubriendo que no sólo era idéntico nuestro cuerpo sino también nuestras aficiones y nuestros gustos, nuestras manías y nuestros aborrecimientos. Sin embargo, vivíamos separadas, ella en su mundo y yo en el mío, el destino había trazados caminos separados a seres idénticos. No se sí agradecí o maldije este hecho. Teníamos tantas cosas qué contarnos, aunque en mi ser más profundo sabía que en dentro de mí, pues éramos iguales, tenía todas las respuestas. Entonces fue cuando me dijo que, para bien de ambas, de su familia, no podríamos volver a vernos jamás. Lloramos, reímos, nos despedimos con una extraño sensación de quedar de nuevo divididas. Entre lágrimas y palabras tiernas nos despedimos en un abrazo final, sabiendo que siempre nos llevaríamos la una a la otra en el corazón, como un secreto inviolable y profundo.

Comentarios

Danae ha dicho que…
La vida nos sorprende muchas veces, e, incluso a veces, nos hace encontrarnos a nosotros mismos, aunque sea en los demás.
sempiterna ha dicho que…
Mmm, Ico, me ha sorprendido la historia. Bien podría haber ocurrido sin clonación, pero no serían seres tan idénticos. Últimamente me pregunto por la importancia de la carga genética y de la socialización en el ser humano. Cuánto de cada... tú las haces relacionadas con las leyes a las dos, pero sin embargo una tiene familia y la otra no... interesante. jeje. Beso.
alejandra ha dicho que…
He de reconocer que al principio me recordo al hombre duplicado de Saramago. Pero luego ya te ví, y no tuve duda de que eras tú. Pocas veces se cuentan tantas cosas de nuestras entrañas como en este relato de dos vidas de un solo ser aunque duplicado.
dintel ha dicho que…
Esto pasa más de lo que debiera. Espero que nunca me aparezca una clónica, ¿o era cónica?
TARA ha dicho que…
Da un poco de miedo pensar que se nos puede clonar, como si fuéramos objetos. ¿Dónde se queda la originalidad de cada uno?
without ha dicho que…
Me gusta su estilo, aparece altera su vida y marcha...

Besos
Carina Felice ha dicho que…
Ico querida, el suspenso que creaste no tiene desperdicio...MUY BUEN RELATO! Excelente!me encanto!
pero mira que ese talento es maravilloso...
te abrazo con el corazon!
Lena ha dicho que…
Ico, buen relato.

Aprovecho que hablas de copyright para comentarte que el texto que elogiaste a Mitocondra no es de ella sino de Pepe Pereza:

http://alfaro-laciudadsinnombre.blogspot.com/2009/07/pepe-pereza-plagiado-por-una.html

Es un plagio descarado.

Escribo esto aquí por dos razones.

La primera es porque entiendo que tienes una relación de lectora/escritora con Mitocondria.

Se le ha solicitado que retire el texto y señale la autoría real del mismo, sin resultados. Quizás, por cercanía, podrías ayudar a que recapacitara.

Está denunciada en las instancias pertinentes.

La segunda razón es porque la única manera de acabar con el plagio es denunciando unidos. Escribes. Mañana te puede pasar a ti.

Agradezco tu tiempo, espacio y comprensión.

Cuando se escribe en un blog se entra en una comunidad.

Esta comunidad tiene ética tácita.

El plagio es además de repidiable, un delito.

Estoy a tu disposición en Milorillas.blogspot.com y en lenayau@gmail.com

De nuevo, gracias.
Ico ha dicho que…
Buenos días a tod@s: pues vaya despertar que me he llevado. Aún no me lo puedo creer.Estoy de piedra. No entiendo cómo nadie puede apropiarse de un texto que no sea suyo y no indicar al menos su origen como indican las buenas prácticas. Debe ser que soy una novata en esto o quejamás se me pasó estopor la cabeza, por lo que no entiendo que otros lo hagan. ¡¡ Me sobran tantas ideas y cuento y me falta tanto tiempo¡¡ En fin, repudiable lo que ha hecho, y yo pensando que era original su texto...Esto me ha hecho pensar en que quizá sería una buena idea que registrase mis relatos por si a mí me pudiera pasar... desagradable.. Gracias Lena, visitaré la página del implicado. Y a los demás me quedan pocos títulos... y si no hay título no hay relato.. saludos..
maslama ha dicho que…
un desarrollo original y entretenido del tema del doble. Gracias por compartirlo, me ha gustado leerlo.

besos,
alfaro ha dicho que…
Buenos relatos, sí,
ya veo que Lena te ha dejado un comentario,
no voy a redundar en ello, porque es de sabios corregirse..., cuando consciente o inconscientemente se cometen errores.
Gracias por tu visita y tus palabras.
Luis ha dicho que…
Me tuvo abstraído este relato...
:)