Copa de sombra


Henry leía al borde de la piscina, los pies metidos dentro del agua. La tarde había ido cayendo llevándose consigo el griterío de los chiquillos en el agua. Solo quedaban una pareja de jóvenes tendidos en hamacas y otra pareja jugando a las cartas. Henry los miro y se dijo que serían alemanes. La mujer llevaba una absurda pamela blanca. Sobre la mesa contó siete jarras de cervezas. A través del agua vio sus dedos arrugados y blancos. La zapatilla de la playa le había dejado una marca roja entre los dedos. Su mujer dormía en la hamaca. La piel se le estaba empezando a enrojecer. No tenía buen aspecto, pero no quiso despertarla. De la mesa de los alemanes llegaban voces alteradas. Henry los miró con el rabillo del ojo, no sabía bien si discutían o hablaban acaloradamente, con los alemanes nunca se sabía. Una copa de sombra avanzaba por encima de los apartamentos oscureciendo la mitad de la piscina. Debió quedarse dormido. Su mujer lo despertó. No quedaba nadie en la piscina. En el apartamento Henry propuso a su mujer dar una vuelta por los alrededores, antes de la cena. La mujer sonrió contenta. Desde la terraza del apartamento se divisaba una pequeña playa de arena negra. Al final de ésta por una escalera de piedra se ascendía a un pequeño muelle costero. El sonido de las cayados rodados y restallando en la orilla por la fuerza de las olas llegaba hasta la terraza como truenos. Sobre el cielo azul, una nube densa y gris parecía acercarse por el horizonte. Se había levantado viento. Henry observo a la pareja de alemanes caminar sobre las piedras de la orilla.

La arena de la playa hacía remolinos y se clavaba como alfileres fino en la piel quemada de la mujer. La mujer daba grititos alegres y corría para alcanzar a su marido que ya se perdía entre las velas de los barcos viejos. La mujer tropezó y ascendió la escalera hasta llegar a la dársena. El azote del viento sobre las velas de los barcos hacía un ruido opaco y la mujer pensó en una bandada de gaviotas levantando el vuelo. El hombre le hacía señas para que llegara hasta allí. Una espesa nube cubrió de sombra la tarde. De pronto no lo vio más y gritó su nombre asustada. Esperó a que la ola se retirara para correr hacia el final del muelle. No tuvo tiempo de agarrarse a nada. Antes de poder reaccionar reconoció la mano de su marido que la empujaba al mar.

El camarero se acercó a la mesa del hombre y le llevó la carta. Cada noche cenaba en el mismo sitio con su mujer. El camarero, en un extraño acento preguntó por ella. El hombre junto las palmas de las manos y se la llevó al rostro en señal de estar durmiendo. Muy cansada. Mucho sol. Arguyó en español. El hombre se llenó la copa de vino y saboreó el líquido rojo asintiendo satisfecho. El camarero se retiró. Henry saludó con la mano a la pareja de alemanes, la mujer sostenía la pamela blanca entre las manos.

Comentarios

MITOCONDRIA ha dicho que…
Aceptada relación entre el titulo y el relato.La copa de sombra despejo el escenario para que Henry actuara... sencillo relato que despierta la imaginación, que le pasba a esta pareja? o violencia de genero sin más.
Ico ha dicho que…
asesinato sin más.. quería engañar al lector con la confusión de las parejas. Gracias por el título que me has mandado para el relato ... pero me la has hecho buena... a ver qué se me ocurre con semejante título..
mitocondria ha dicho que…
Para la imaginación del escritor ningún elemento es extraño, nada le es ajeno, todo es estímulo para su labor creativa. jeje
Salud!
Anónimo ha dicho que…
¡Muy bien! Me gusta sobre todo el ambiente, las lonas golpeando con el viento, las nubes que avanzan rápidas. Un relato de verano con su tormenta y su crimen risueño, gracias.
Celia