Capitulo II: El Secuestro



Eufemiano Fuentes fue secuestrado en la mansión de las Meleguinas el día dos de junio de 1976 a las cuatro y media de la madrugada.
Un hombre moreno, delgado, de unos cuarenta años de edad, quien se identificó como yerno de la víctima, manifestaría horas más tarde en la comisaría de policía de las Palmas que se lo habían llevado a punta de pistola y usando su propio vehículo como medio. Mientras prestaba declaración, su mujer, hija de Eufemiano, telefoneo a su vez a la comisaria de policia para notificar que los asaltantes habían llamado a la casa, comunicándoles que había una nota manuscrita en la biblioteca. La nota decía que no le harían ningún daño a su padre mientras se cumplieran las instrucciones, exigían para el pago del rescate novecientas mil dólares. Lo habían firmado como Rojo 13.
Poco antes del amanecer se personaron en la vivienda del industrial, el inspector Acosta y cuatro agentes de policía. Una verja de dos metros se abre ante los agentes. Acosta, reparte instrucciones a sus hombres y le pide al guardián que le enseñe la vivienda. Montan en su coche él y otro policía, que sin dejar de mirar tras de los cristales, no puede evitar un silbido de admiración ante la inmensidad de lo que tiene delante de sí.
La Mansión de las Meleguinas no puede abarcarse con los ojos. Hay que recorrerla en coche por una carretera asfaltada dentro de la finca. La vivienda construida en distintos niveles es una de las mayores mansiones de la isla. El inspector señala en su cuaderno la dificultad de acceso dada la altura de los muros que la rodean. En el camino se encuentran con una finca de naranjos, una pista de tenis, la piscina, dos construcciones más para el servicio y para la maquinaria, y otras dependencias de las que va tomando notas. Después de casi veinte minutos llegan hasta los garajes, para entrar por una de los salones a la vivienda.
La dueña de la casa, visiblemente afectada le está esperando en uno de ellos. El inspector remarca que la mujer sufre de una parálisis facial en un lado de la cara. Le tiende la mano señalándole un sofá. La mujer comienza a explicar lo sucedido, cómo se despertó, debido a un sobresalto en la cama que dio su marido y vio a un hombre apuntándoles con una pistola, pidiéndole a su marido que se vistiera y se fuera con él.
- ¿Dijo algo más el secuestrador? Preguntó el inspector mientras apuntaba en su cuaderno.
- Sí, -respondió la mujer - yo le pregunté a mi marido si me iban a llevar a mi también, y ellos respondieron que no, pero que no llamara a la policía porque sino lo matarían.
- Muy bien, señora, no se preocupe, vivimos en una isla, no van a salir a ninguna parte.
- Ah, también … vi – las palabras se ralentizaban, efecto quizá del tranquilizante que había tomado, pensó el inspector.- cuando salí del dormitorio había una bombona de gas abierta en la sala contigua al dormitorio.
- Muy bien, oyó usted algo más.
- Sí, cuando entre al baño, desde la ventana oí a uno de los hombres decirle a mi marido que arrancara el coche.
El inspector apunta en su cuaderno esta nueva información. Luego interroga uno a uno a todo el personal de servicio. Sin embargo, no puede obtener ninguna ayuda de ellos. Nadie oyó nada durante la noche.

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